lunes, 7 de febrero de 2011

Mientras tanto, te quiero

 
Me alimenta el deseo de querer probar las avellanas que puso el azar en tus ojos, me gusta el juego que ganó al encontrarnos.

Saturno sigue suspendido rodeado de sus magníficos anillos, que sujetos entre hilos invisibles, nos observan como extraños desde aquél sector del universo que parece inasequible.
Mientras tanto, te quiero.
En la Tierra problemática, quejosa, y pese a sus astros de pedantería, te quiero.
Me alimenta el deseo de querer probar las avellanas que puso el azar en tus ojos, me gusta el juego que ganó al encontrarnos.
Me basta saber que me abrazás para escuchar la música de nuestros cuerpos, latiendo al unísono.
Disfruto de inmiscuirme a la realidad de tus sueños, ser la única pasajera que viaja en tus besos.
Somos habitantes del suelo que se nutre de esfuerzos, aunque en este intento tengamos que esperar a la paciencia, a la vez que apresurar el paso para no escondernos un tanto del ensimismado, pero al fin y al cabo dulce egoísmo del que estamos hechos.
Nos recuperaremos.
Mientras tanto, te quiero.

Ilustración de Gerard Scarfe,
para la película The Wall de Pink Floyd.

miércoles, 26 de enero de 2011

All apologies

    Definitivamente demasiado sol no es para mí. No me bastaron los cuatro años que pasé sin desplegarme sobre lonas de patios y sus variantes de terrazas, cual iguana en su termofilia tropical, improvisando los nudos más rebuscados al corpiño de la bikini para que no queden rastros de los breteles de la malla, o haciendo medios giros cada quince minutos a fin de obtener un broceado parejo a los 35º (léase 40º de sensación térmica) de nuestro calor rosarino de cada día.
    Crucé el charco, y sin haber terminado de desempacar aun, las olas del mar uruguayo me arrastraron hacia la playa. Muy cómoda, sentada en la reposera, sin haber terminado aun mi relectura del Así habló Zaratustra nitzscheano, por cierto el libro más antitopísima de la temporada entre los Stamatea's, Coelho's y los vampiros & cía., cuando no tuve mejor idea que relegarlo para después, quedando bajo el abrasador sol de aquella tarde, donde la sombrilla era la soltera más codiciada. Y no faltó el asador. Ni los rayos no sólo ultravioletas, sino de todos los colores. Como si hubiese sido necesario haber tenido que reemplazar a Herr Friedrich por alguna predicción de Horangel para enterarme de que los resultados iban a ser evidentes.
    Moraleja: la visita al médico antes de las vacaciones hubiese dejado con seguridad menos flaca a la tesorería, y a mí, sin la tarjeta roja en natación, por el momento ("Quisiera ser un pez..." tararara-tarara), ya que Don Cloro no es bastante afable con las pieles resecas, aun más me hubiese librado de ser adquisidora de nuevos motes, tales como "palito de la selva" (chivo obligado de la golosina), mientras se impone el demoledor "rostizada", "hasta camarón", aunque ahora las analogías me adviertan de que puedo llegar a completar mi quemado dentro de una sartén... por el momento, mejor continúo aceptando sugerencias, mientras me acostumbro a mis recuperados hábitos nocturnos.

"In the sun, in the sun I feel as one.
In the sun, in the sun...
married... buried!"
("En el sol, en el sol me siento único.
En el sol, en el sol...
casado... ¡enterrado!")
All apologies, Nirvana.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

   No, no sufrí una crisis de conciencia irremediable (¡por los bigotes de Nietzsche!), y volví a apegarme al cristianismo. Tampoco me di un atracón de hiperconsumismo de fin de año. No obstante, me resultó interesante transmitir una historia acerca del origen del nacimiento del niño concebido por generación espontánea.

Advertencia: peligro de comentario hereje. 
El origen de todo. Contrariamente a lo que se cree, la raíz de la celebración de Navidad nos remonta a la civilización de Babilonia asentada en el territorio de la Mesopotamia de Oriente, en torno al actual país de Irak, allí donde se registra el nacimiento de la escritura. Por aquellas épocas, se afianzaba en la región el  gobierno de Nimrod, quien después de haber matado a su padre, el también guerrero Kus,  contrajo como esposa a su propia madre, o encarnada asimismo como la paloma, símbolo de muerte y destrucción (¡¿y cuándo no?!). Cuando el rey fue a supervisar la construcción de la Torre de Babel, que él mismo había encargado para desafiar la morada de dios ante  la prevención de un nuevo diluvio, encontró a los trabajadores esclavos en la veneración del solsticio de diciembre. Aun más, el escamoso Nimrod ya considerado sagrado, lo anunció como el día de su cumpleaños. Así, se dieron en su honor fiestas, según se dice, acompañadas de orgías y toda clase de depravaciones. A su muerte, la supérstite  Semiramis, cargaba con una criatura -que podemos apreciar en la fotografía-, engendrada misteriosamente y reconocía como la resurrección del fallecido rey. Milagrosamente, también, la madre virgen presenció una noche el brote de un árbol seco y muerto, cuyo surgimiento fue la continuación hacia una nueva vida del fallecido rey Sol, y proclamó que desde entonces en cada aniversario de su nacimiento Nimrod visitaría el frondoso pino y dejaría regalos en él. De este modo, comenzó la costumbre de adquirir un árbol y adornarlo, por ejemplo con cerezas, así como también decorar las puertas de las casas el 25 de diciembre.
Feliz Navidad para todos. Herencias directas de las Sacés de Babilonia fueron las denominadas Saturnalias romanas -de las cuales ya he hecho mención en una oportunidad en el blog- conmemoradas en honor a Saturno, a quien rendían culto en esas fechas para bendecir a la agricultura, que se extendían una semana y culminaban el 25 de diciembre, para celebrar el día del Sol invicto. Durante su transcurso se invertían las jerarquías, olvidándose de las reglas que los oprimían el resto del año: los ricos servían a los pobres, quienes invadían sus casas, vistiendo sus ropas y adornándose con marcada elegancia cuando postergaban sus habituales togas, y se invitaban a degustar junto a ellos verdaderos banquetes, e incluso dormían en sus camas. Era tal la desinhibición que involucraba ese lapso de tiempo que  sentíen el deseo de quitarse sus vestimentas como si a través de ese acto de desnudez (que luego fue tergiversado paradojalmente por la Iglesia como un acto de orgía) estuvieran también liberándose de los deberes y morales con los cuales cargaban, mostrando al mismo tiempo quienes eran realmente, dejando fluir la esencia del ser humano en su puro término de fertilidad. Asimismo, también era una ocasión propicia para visitar a los amigos e intercambiar regalos, fundamentalmente destinados a los niños.
   Finalmente, en los albores de la era de Constantino I, las costumbres paganas aun continuaban predominando, mientras que la religión cristiana era ilegal. Sin embargo, esto cambió cuando el emperador romano comenzó a propugnar el cristianismo, aunque sin abandonar su inclinación por las mencionadas tradiciones populares, tal es así que se convirtió en Sumo Sacerdote del culto al Sol invicto, haciendo parte también a los cristianos en este culto. En este sentido, en el año 321 Constantino legalizó al cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano, estableciendo además que el día del nacimiento del Sol invicto sería considerado como una nueva festividad cristiana para venerar el nacimiento de Cristo, hasta que finalmente el papa Julio declaró el año 350 como el inicio de la celebración de la Navidad. 
    Cuántas reminisencias podemos encontrar cuanto más indagamos en el misticismo y nos topamos una y otra vez con los mismos elementos inculcados, como un ritual que continúa reciclándose, tomando a esas culturas ancestrales que parecen tan distantes, ignotas como extrañas cuyo sólo acervo dejado parece ser haber construido la más precisa definición sobre terrorismo en el Tele-visionario de la Real Yanquilandia Ilustrado, el único con la particularidad de que no se lee, en cambio lo escuchamos repitirse todos los días. A su vez, tampoco pretendo justificar el infierno como representación del dios Sol y su significado otorgado por las colectividades paganas, puesto que lo veo como la contra-cara necesaria de donde se sostiene la religión, sino sólo desterrar algunos dioses que han sido pregonados hasta ser adoptados en la actualidad bajo otros nombres, pero sobre bases similares, jugando con las falsas expectativas de la gente  presa del hechizo bajo la ilusión del dios cuya doctrina es dictada por una iglesia que también enseñó a enviar a la hoguera una a una a las opiniones discordantes, que tenía una cárcel  de la Inquisición esperando en Lisboa por los dueños de esos excesos desafiantes, y no se olvidó de compartir el poder con algunos de los personajes más nefastos que ha parido la política, un dios cuyo además de haber creciódo como integrante de las Juventudes Hitlerianas, ahora pretende deslindarse de toda culpa, acusando a los años '70 de los abusos sexuales cometidos por sus colegas religiosos, aquél que se regodea en su unicidad vanidosa, la misma que lo lleva a rebajarse en la desconfianza, cuando no más que en tono amenazante él, el único y verdadero se dirige hacia sus fieles impidiéndoles que se postren ante otro dios, ya que él se reconoce como el dios Celoso (Éxodo), claro, lo que le otorga la licencia para maldecirlos ante la desobediencia, con padecimientos de tisis, fiebre, inflamación gangrena, aridez y otras medicinas para soñar desde la sequía en las cosechas hasta en la propia muerte mediante la lapidación a manos de la propia comunidad (Levítico), castigo que tanto se les replica a los musulmanes actualmente. 
    Sin embargo, aun nos queda una pregunta... ¿quién es esa figura regordeta, barbuda, acuñada como el simpatiquísimo  Papá Noel? ¿Acaso un cerdo capitalista producto de este sistema? Pues, a decir verdad no nos encontramos tan alejados de este concepto. Inspirado vagamente en las leyendas medievales de San Nicolás de Bari, un obispo turco con semejante poder que decidió dedicarse a hacer regalos para los niños pobres, Santa Claus (como les gusta a los del norte) fue publicado por primera vez de la mano del dibujante Thomas Nast como un gnomo gordito de aspecto bastante macabro, ingresando a través de una chimenea, sin uniforme y que prefería usar los colores azules o verdes para su vestimenta. Sin embargo, si continuamos oyendo al relato, nos enteraremos de que una cornuda y para nada agradable criatura, de aspecto demoníaco llamada Krampus, acompañaba al obispo durante la Navidad, castigando a los chicos "malos" con cadenas y campanas oxidadas.
   Saludos de Krampus (nótese su nombre y ubicación en primer lugar)... ¿desde el Inframundo?

   Finalmente, hacia la navidad de 1930 sus servicios fueron contratados por la Coca-Cola y fue entonces cuando el dibujante Habdon Sundblom le dio a lucir los colores de la empresa multinacional, rojo vivo con ribetes blancos y los rasgos ya conocidos.
   Por supuesto, no faltan las reminisencias a las creencias paganas, que esta vez remiten al dios Odin, propio de la mitología germánico-escandinava y aun más, divino soberano de las tradiciones nórdicas. Según sus relatos, era un hombre viejo y sabio, además de gran mago creador del universo, a partir del caos original. Al igual que Santa Claus o Papá Noel (queda a gusto del consumidor), se embarcaba en una travesía cósmica, característica que justificó la atribución del mote de gran viajero. Cabe destacar que suele representárselo montando el singular caballo gris conocido como Sleipnir, de ocho patas. Ahora bien, ¿de dónde se origina la semejanza? Pues bien, sucede que acorde a algunas tradiciones nórdicas, el año comenzaba el 25 de diciembre, con una fiesta que celebraba la Noche de las Madres, que transcurría hasta el 6 de enero (para los católicos, día de Reyes), coincidente con la festividad de la Yule. Durante esa época, todo debía detenerse, tal como las manifestaciones solares lo hacían a causa de la llegada del solsticio de invierno. Los viajeros, entonces interrumpían sus viajes, y muchos se dedicaban a hacerse de un árbol, fresco, tejo o pino, pero con la preferencia de los árboles perennes, los cuales se mantenían verdes a lo largo del invierno. A su pie, se esparcían pequeños trozos de carne y se vigilaban a los cuervos, pájaros sagrados de Odin, ya que el árbol del cual comían el primer trozo de carne debía ser talado, aunque sus ramas eran repartidas a la población para ser adornadas con ornamentos, evocando la fertilidad y la abundancia. Como conclusión, en el tronco se inscribían los deseos colectivos, y hacia la culminación de la Yule era cortado y repartido entre los pobladores para ser quemado como riual en sus hogares. Por otro lado, los niños también tomaban lugar, dejando sus botas repletas de zanahorias, paja y azúcar, cerca de la chimenea como alimento para el caballo volador de Odin, quien les recompensaría en forma de agradecimiento con dulces o regalos.
    Todavía se desconoce con exactitud por qué ríe de forma tan irritante sin parar, y cómo logra pasar a lo largo y ancho de las chimeneas con semejante cuerpo rechoncho. ¿Y los malévolos duendes verdes, de los cuales relata la leyenda, quienes trabajan hasta la extenuación para que Papá Noel tenga preparados sus preciados regalos? ¿Y la simbología que se esconde detrás de los cornudos renos? Tampoco se sabe qué tiene que ver con Jesús.

Aquí nos permitimos un poco de humor.


PD: Feliz cumpleaños a mí.

"Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. Enseñen a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no, a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra".
Simón Rodríguez, venezolano, maestro de Simón Bolívar.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Yo no le creo

Siempre me causó sospecha, o por lo menos intriga, quien fue presentado por los multimedios masivos durante toda la semana pasada como un nuevo héroe al develar supuestos documentos secretos de la diplomacia estadounidense mediante escabrosas maniobras. Sin embargo, me temo que este hacker y confeso asiduo buscador de la transparencia no pasará de ser un Robin Hood, quien no dará de comer sino a los mismos intereses, cuya reputación estaría perjudicando.
   Ahora bien, vamos a la escena del crimen. Julian Assange, el hombre de la discordia (sí, mejor dejemos al margen para los amarillistas el caso de sus imprevistas amantes suecas) y creador del sitio de Internet Wikileaks, se hizo famoso cuando dejó trascender material  a través de ese medio acerca de los métodos de tortura aplicados por el ejército estadounidense y la cantidad de muertes de civiles durante las guerras de Afganistán e Irak, a las cuales ni siquiera pone en cuestionamiento. Sin embargo, ¿acaso no conocíamos desde la misma Red, donde el susodicho se ufana, videos desgarradores como éste? ¿Y qué hay sobre la cantidad de "errores"  de ataques no provocados ("fue sin querer queriendo, claro) sobre las poblaciones civiles? ¿Aun nos resulta un hallazgo Wikileaks,  habiendo leído y escuchado la vasta cantidad de relatos sobre torturas a turistas y árabes, cuyos sólos rasgos faciales son indicio de su criminalidad para enviarlos destino a Guantánamo, donde da cátedra la C.I.A? Incluso, el cinismo de Bush jr. no sólo las admite, sino también las justifica en Decision Points, sus memorias publicadas recientemente. 

Control mental, torturas y milicias infantiles
 
   Con respecto a los chimentos sobre los políticos, que no pasan de ser eso, quien vio alguna película o leyó alguna novela policial sabe que los espías son base esencial de toda organización poderosa para hacerse de información desconocida o anticipada. Sin desdén,  en el libro El Arte de la Guerra (y dudo que exista político que no lo haya, por lo menos hojeado), el maestro Sun Tzu asevera que "nadie es tratado tan cordialmente como los espías; a nadie se premia como los espías"; en otras palabras firman uno de los mejores contratos dentro de las operaciones militares.
   En este sentido, quiero decir que Julian Assange y su equipo de colaboradores no aportaron nada nuevo a lo ya sabido. No obstante, pasaron por alto operaciones tales como Plomo Impune entre 2008 y 2009, cuando Israel asestó Palestina sobre la Franja de Gaza bajo el aprovisionamiento de armas ilegales, como las bombas de racimo, que atentan contra la Convención de Dublin, y el fósforo blanco, un agente incendiario capaz de causar quemaduras gravísimas prohibido, también por el Tratado de Ginebra; por lo tanto sendos crímenes de guerra. A su vez, tampoco nadie se percató de aportar datos sobre  el particular asentamiento de las tropas británicas en campos colmados de opio. Por otro lado, debe quedar en claro cuál es su postura acerca del probado trabajo interno del 11 de septiembre 2001, ya que según su labia intempestiva está constantemente molesto de que la gente sea distraída por falsas conspiraciones, como el 9/11, cuando todos proveyeron  evidencia de las reales conspiraciones para la guerra o el fraude financiero masivo, tal declaró al diario irlandés Belfast Telegraph ("I'm constantly annoyed that people are distracted by false conspiracies such as 9/11, when all around we provide evidence of real conspiracies, for war or mass financial fraud".). Es decir, descalificando el afán de su labor  como periodista descarta de llano brindar cualquier atisbo para la investigación sobre este tema.

Plomo impune, la política de Israel y Estados Unidos S.A., por Eduardo Galeano
 Realizado por el usuario You Tube PatoG300,
basado en un artículo publicado por el mencionado escritor en la Contratapa del diario Página 12,
el 18 de enero de 2009. 

¿Y dónde está Osama? Algunos, al igual que yo, se preguntarán cómo quedará el gobierno de Estados Unidos ante la repetida violación a su complejo sistema de seguridad, y calmar los irritantes ánimos de preocupación de Hillary Clinton. Seguramente, obtendrá cierta  preciada transparencia y confianza, escudándose en sus dotes de chicos limpios que nada tienen que ocultar o cuyos movimientos pueden ser difundidos con relativa facilidad ante el nuevo enemigo público mientras puedan aprovechar el  impacto del montaje magnificado por la prensa, desviando la atención para preparar alguna censura u otro trabajo mayor y al tiempo de disuadirnos de algunas incómodas teorías "conspiranoicas".
   Concluyendo, ¡¿alguien me puede explicar por qué aun está en línea la página de un acusado de haber puesto en jaque la seguridad internacional?!

domingo, 28 de noviembre de 2010

Griffin & Phoenix (o Una lección de vida)

    La vi por segunda vez y creo que si no me emocioné como la primera fue porque no lo vi a aparecer a mi compañero, entusiasmado por haber visto una buena película por el cable desde hacía tiempo y pedirme que lo acompañe en otra vista.
    La cámara comienza por posarse en Griffin, un hombre habituado a la fatigante rutina del trabajo, a quien el divorcio y los trajines de la vida cotidiana le impiden encontrar tiempo con sus dos hijos. En ese contexto es cuando recibe una noticia asoladora: su médica le pronostica con toda naturalidad que le queda no más de un año de vida. Es entonces cuando decide abandonar sus actividades diarias para concentrarse en comenzar a vivir, hacer aquéllo que había postergado siempre, eso que no había podido hacer nunca.
    Así es como conoce a Phoenix, aun cuando ella le dice que no es momento de conocer a alguien, sin preguntarse sus nombres, ni indagar acerca de sus vidas, surge a través de su presencia el amor, sólo importa ser feliz de la manera más intensa. Con conversaciones frescas y sinceras, además de situaciones divertidas e inusuales, la película lleva su propio ritmo, el cual no se detiene, sino sólo cambia su rumbo al revelarse la realidad de la mala situación que está atravesando Phoenix, aunque sin atinar a hundirse en el drama demoledor al cual nos tienen acostumbrados cuando se trata de enfermedades en la pantalla.
    Si bien se trata de una película para la cual no van a faltar algunos pañuelos, tanto Dermot Mulroney como Amanda Peet nos acercan una oportunidad repleta de emociones al margen de las típicas historias de amor que recibimos a menudo de la pantalla para descubrir cómo la fuerza del amor pueden ayudarnos a afrontar las dificultades  que nos depara este mundo y aprender que podemos disfrutar de cada momento ya sea del que parezca más banal (para los demás), encontrando una transparente felicidad en ellos. ¿Acaso quién dijo que la felicidad se funda en la grandeza? ¿Alguna vez se dijo que la grandeza no podía hallarse en los pequeños detalles que forman parte de nuestros humanos días? Como terminé de leer hace pocos días en El Principito (esperé hasta recién los 21 para comenzar a deshojarlo), "lo esencial es invisible a los ojos", es el tiempo que compartimos con las personas que elegimos en el camino de la vida, y en ciertas cosas lo que las hace únicas (y por eso, a veces diferentes), realmente importantes  además de especiales para cada uno de nosotros.
   Por otro lado, una interesante alusión mitológica que surge a partir de los apellidos en inglés de los personajes refuerza el sentido del mensaje de la película. Tanto el Fénix como el Grifo corresponden a nombres de criaturas descriptas por culturas antiguas como seres alados. Tradiciones como las egipcias coinciden en el ave Fénix consumiéndose por el fuego cada 500 años para resurgir de sus cenizas luego en una joven y fuerte ave, como la inmortalidad y la resurrección, un símbolo que alude al Sol que muere por la noche y renace por la mañana, tal como contemplar el antes y el después de la primera salida de los protagonistas. En relación a este personaje, cuentan las leyendas griegas que el Grifo, criatura imponente desde que es mitad superior de águila y mitad inferior, de león, tenía las alas enormes de color dorado por su consagración a Apolo, dios del Sol, cuyo tesoro custodiaba. Podía entonces vigilar así tanto el cielo como la tierra, tan valiente como fuerte, así podría describirse el amor de la pareja, desde donde comienza a vislumbrarse una esperanza, casi como un renacer y volver a sentirse vivos aun cuando se presagian los últimos días.
    Basada en su homónima televisiva de 1976, creo que Griffin & Phoenix (2006) sí es una lección de vida, y también una de esas pocas películas para volver a disfrutar y compartir dos veces (y tantas más).