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domingo, 11 de diciembre de 2016

La verdad de la psico-riña a la vienesa

Cuenta la historia oficial que durante la travesía psicoanalítica a Estados Unidos Jung le vociferó a Freud "Mis sueños son mis sueños" cuando Segismundo estaba intentando hallar el falo en más lugares que los previstos al incurrir en un exceso de interpretación onírica de su almohada. Pero mucha agua ha corrido debajo de ese barco, para al fin revelar mediante un testigo (de Jehová) que en realidad los hechos habían transcurrido de un modo muy diverso y no tan cordial como se nos pretende hacer creer. Y otrasidigo, parece haber sido la causa que dio origen al cisma teórico-afectivo entre Jung y Freud.

Como veníamos redactando, el susodicho espécimen masculino de la raza humana ha declarado en su diario íntimo y cito textualmente a pie juntillas la información que me ha sido canalizada de primera fuente, con el debido respeto y verosimilitud que se merece la integridad del testimonial...

"Mi padre me había dado el escarmiento. Yo sabía que él iba a darle matraca matraca a mi madre durante toda la noche, así que no tuve mejor idea que cambiarle este sortilegio por unos morlacos para dispensarme de algún embriagante en la taberna de la embarcación. Hete aquí a quiénes me encontré en el camino hacia allí: dos individuos discutiendo apasionadamente en una jerga grandilocuente que parecía inventada por ellos para la ocasión. No pude menos que seguir con atención la interacción que empezó a ponerse más interesante que lo que pensaba hacer con la bebida que me traía entre manos. Entonces, decidí quedarme agazapado en la puerta que conducía a cubierta y asomarme de tanto en tanto para enterarme de qué iba la cosa.
Fue cuando el hombre de años más mozos (Jung) le espetó al sobrepasado en canas (Freud): -pero Estimado Señor Profesor, vení a interpretarme ésta, y le obsequió una precisa bofetada en su moflete derecho. A lo que enseguida le profirió: -Nadie se atrevía a tomar al profeta por las barbas porque pinchás más que una ortiga, cabeza de chota libidinosa. El respetadísimo no se quedó atrás y le propinó con una de sus elegantes chancletas de entre-barco un sonoro golpe en el sector anatómico donde la espalda cambia de nombre, al grito de -¡La libido no se mancha!
Algunos minutos duró el agitado intercambio hasta que el señor entre nosotros conocido como "cabeza de chota", tras sucesivos jadeos y encontrarse a punto del soponcio cada vez que el muchacho más atlético lo desplazaba más cerca de la borda, le propuso la acertada sugerencia al otro: -Pero rescatate, barrilete, que no te das cuenta que si seguimo' piña va, piña viene, nos vamo' en picada a las fauces del cocodrilo, digo de los tiburones.
Antes de que el tupido señor hubiese podido culminar su frase, el más buen mozo completó la idea: -Y no queremos correr ese destino, Veneradísimo Dr. Freud, no sin haber currado lo suficiente con nuestras psico-teorías.
El otro continuó: -Es un regio argumento el que acaba de pronunciar: me ha sacado las palabras de la boca. Psicosupersticiosísimo Dr. Jung, es usted un completo inconsciente a cielo abierto. Sin saber exactamente si tomar las palabras de Freud como un cumplido o la psico-señal para volver a convertir la cubierta en el perímetro de un ring, Jung le acomodó el cuello de la camisa a su interlocutor, le repuso su exiliada chancleta, luego Freud se acomodó las barbas por sus propios medios (lo cual fue muy conveniente) y a continuación en una escena de amabilidad empalagosa empezaron a desarmarse en elogios mutuos.
Yo, a mis doce años y con toda la vida por delante, pensé lo peor; me dije: demasiado amor para una noche donde había dos locos más locos que cualquiera concertando entre golpes bajos el futuro de la salud mental. Y así, tranquilo conmigo mismo como estaba, me aproximé a babor a disfrutar de mi placer dionisíaco en la Tierra, en la mar o donde sea".


Un músico soberanamente loco a quien le seguimos la corriente.
 

domingo, 24 de julio de 2016

Estudiando, entre otras cosas: las secuelas

Por un momento, leyendo el texto que ha trascendido como El historial Elizabeth (intercalado entre los Estudios sobre la histeria, de la autoría de Breuer y Freud), pensé en aquello que Freud denominó complejo sintomático de la astasia abasia (dificultades al caminar) como un grupo de edificios destinados al descanso de sus visitantes, y asociando libremente hasta imaginé un spot publicitario invitando a visitarlo....
AVISO DE SPOILER: cabe admitir de antemano que en la siguiente fabulación hay algunos guiños ;) al susodicho texto, pero para quienes no están familiarizados con aquél no resulta totalmente indigerible.

(Entónese con voz grave, profunda* y penetrante** y seductora*** de locutor): Complejo sintomático de la astasia abasia...

el lugar donde se olvidará de aquellas representaciones que le resultan tan inconciliables a su yo
 
Ud. podrá, así como en un ardid se despoja de sus prendas de vestir, desligarse del monto de afecto intensamente intolerable

y lo mudará convenientemente hacia una representación cuerpo bien histerógena

cuando en un baño de inmersión sin confesiones sentirá concretarse la eficacia sintomática en su propia piel


un dolor erótico instalado en su muslo derecho le revela que ya no piensa más en su cuñado buen mozo ni en el galán enfermizo de su padre

¡No lo piense más, venga a conseguirse un síntoma y a divorciarse de las preocupaciones!





Disfrute la experiencia única de dormir entre laureles, en estados hipnoides de consciencia.


 










* ** ***Notas "al pie del cañón": El exceso de psicoanálisis nos hace poner el falo en más lugares de los que quisiéramos.

viernes, 29 de junio de 2012

Mientras marchamos soñando...

“Hay hombres que luchan un día
y son buenos.
Hay otros que luchan un año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
ésos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht


Jacek Yerka
                                                                                                           Jacek Yerka


Sueño con serpientes,
con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes,
y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.



No quepo en su boca,
me trata de tragar,
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca;
le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien
.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.


Ésta al fin me engulle,
y mientras por su esófago paseo,
voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye
cuando llego a su estómago y planteo
con un verso una verdad
.
Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión”.


Silvio Rodríguez



... Y tu generosidad me infunde al recibir, 
tanto como cuando me concedés el ser dadora...
y me colmás de tu tierna musicalidad,
rescatando preciosos instantes de la ruina del tiempo,
bañándome de ellos con la calidez que portan tus manos,
pues aún cuando soy la invitada, me elevás un hogar.