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domingo, 12 de junio de 2016

Luminares

"Según Jung, yo tenía sueños especialmente difíciles y complicados, de los cuales yo no entendía una sola palabra. Eran verdaderos enigmas chinos sin sentido. Yo llegaba donde Jung con todos esos disparates y con gran esfuerzo, él extraía el significado. A veces tomaba un pañuelo, se secaba la frente y decía: "¿Qué harías si no tuvieras un Jung para entender este sueño tan complicado"?.



Marie Louise von Franz, en "El camino de los sueños. Conversaciones con Marie Louise von Franz", por Boa Fraser.
Ilustra el texto: Filemon, que es para Jung el equivalente de un guía espiritual, aportándole la certidumbre de no estar solo en el inicio de sus investigaciones sobre el inconsciente colectivo.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Como barrilete de niños...

Si te alcanzo,
me remonto  
Para J.M.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Bicicleteada emocional

     Gracias por haberme propuesto la vuelta, pero no quería molestarte. Me habías dicho que tenías pensado trabajar en el balcón con las plantas... ¿y qué mejor trabajo que el de ocuparse de la Vida? Entonces, tendría lugar mañana, y mi deseo de estar contigo, que ahora esperaría paciente. Pero ante los primeros reojos hacia la bicicleta estacionada frente a la puerta del departamento, mi entusiasmo no pudo responder a que los giros de las manecillas indicaran el día siguiente, y partió, llevándome consigo y a la bici recién autorizada por el mecánico para rodar de gestos propios, los caminos humanos desandados por los cuatriciclos de hedor y humo.

     A ellos no los conocía hasta esta tarde en el parque. De las pedaleadas me había despojado sola, hace unos cuantos años... aunque mis recuerdos pueden llegar a estar encubriendo una década seguramente. Así que sobre la bicicleta, sólo podía andar a las caídas. El parque me recibió diferente, el Sol y hasta la gente, parecían visualizar mi alegría, que no reparaba en contener. Por primera vez crucé a personas que hacía tiempo no veía, y lo más interesante fue haber constatado que me ubicaban todavía en alguna fotografía de sus vidas. Las flores a veces también se diseminan, todo comienza por saber recoger los indicios. No se me dificultó descubrir que a ese día tenía que hacerlo. Intenté por todos los medios contagiar de ese entusiasmo a mi torpeza, pero no pude. Como a la hora de danzar, los movimientos se me habían secado. Dudé en llamarte, me había prometido no hacerlo, sobreviniese cualquier imprevisto (bastante previsto, valga la acotación). Estabas ejerciendo una de las más bellas formas de amar, depositando tu confianza en la tierra, en el cosmos por entero y a pesar de la ciudad que nos cercena la huerta. Y mi ego se apoderó de mi tristeza, y marqué tu número para interrumpirla y que vinieras en rescate de la soñadora empequeñecida contra el pasto. Perdoname, aún no termino de reprocharme no haber podido deshacerme de él.

     Tal vez era el lugar el que no completaba mi ramillete de indicios. No me refiero al parque, sino al rincón dentro del parque. Se me ocurrió que quizás tendría que regresar al sitio donde había comenzado todo hacía tiempo ya, cuando por fin cambiaba las rueditas agregadas a la rueda trasera, por la brisa del aire libre. Así que a pie y junto a la bici, surqué pequeñas lágrimas hasta que me encontró la belleza de uno de los lapachos rosados junto al planetario. No quería decepcionarlo justo a su lado. Justo allí esbocé un intento nuevamente, erradamente, subiendo al asiento sin antes haber posado un pie sobre algún pedal era claro que mi destino no iba a ser otro que el suelo. La bicicleta casi se desvaneció, evitándolo yo, por poco, cuando alguien me llamó sin saber mi nombre. La primera imagen que me acudió fue la de un perrito, de esos lanudos y blancos como ovejitas, que suelen verse paseando en las calles rosarinas. Pero los perros cuentan con la suerte del ladrido. Así que dirigí mi mirada hacia uno de los lados, y se me apareció una chica quien se encaminaba hacia mí. Se presentó con una sonrisa, antes que con su nombre y mientras le contaba sobre mi deseo de reestrenar la bicicleta de mamá después de tanto tiempo, me mostró cómo podía dejarme conducir por ella. Apoyar un pie sobre el pedal y luego sentarme, ese fue el consejo.

     La mirada atenta del perrito siguiendo los juegos humanos que no quieren desaparecer, la chica componiendo espontáneamente su solo estar junto a mí constituyó el envión. De repente recuperé el equilibrio. Cuando se separó del manubrio y me sentí salir andando, algo volvió hacia mí, algo que me empujaba a volar, aunque sólo fuera soñando arriba de la bicicleta. Los veía alejarse a la chica, al perrito, al lapacho, pero pronto supe que lo hacía sólo desde el parámetro con el que mide la experiencia, que comenzaba a aproximarme de otro modo... podía flotar entre los suspiros que exhalaban las ruedas. El entusiasmo inicial se estaba correspondiendo con los tropezones, las personas más inesperadas en las cuales uno parece haber dejado huellas, otro viaje de ida hacia un pasado que no existe más que en nuestra percepción, que nunca existió en la infancia, el calorcito que ya huele a primavera, el lapacho que asistía a mis alas de ruedas, la resonancia emocional de un coro de pajaritos que me atrapó en sus voces, el perrito ovejita y la chica que ahora guardan conmigo ese recuerdo.

     Caída, invadiendo el aire las primeras veces, maquillada de lágrimas ante mi inexplicable idiotez, indagaba el impulso inspirándome en el Sol luminoso a pesar del frío y las nubosidades, recogiendo las ganas que pueden vislumbarse aún diseminadas, caería la próxima, con gracia y lo disfrutaría, mi cuerpo motorizaba el impulso sin dualismos mecánicos. Un cambio en el manubrio es capaz de virar el horizonte. Mientras me empapaba de felicidad bañándome al Sol y a la luz de tan vívidos momentos, prometí no soltarlos al capricho del tiempo. Esa felicidad que puede caber en apenas instantes porque no se rige según el tiempo terrenal, y las infinitas gracias que no conseguía dejar de enunciar me disiparon de la mente preguntarles a la chica y al perrito sus nombres, pero intuyo que no fue otra torpeza. Sé que no los olvidaré.
  

domingo, 1 de julio de 2012

Lucio

Aitor Arregi y José María Goenaga
2007

"Mi suerte fue nacer pobre pobre, porque no tuve que hacer ningún esfuerzo para perder el respeto a todo lo establecido: la iglesia, la propiedad privada, el estado".


Ante los responsables de City Bank: "Yo no soy ningún criminal, pero ustedes con los dólares no hacen más que corromper el mundo entero y son los provocadores de todas las guerras, ustedes son los criminales".

    ¿Falsificadores? Falsificadores son aquellos que han adulterado la condición humana, quebrantando los valores sagrados de la comunidad, estafadores son quienes todavía hacen lo que esté a su alcance y más para estropearla a fin de saciar apetencias egoístas y de tan caraduras ni siquiera se atreven a dar la cara, defraudadores son aquellos que mediante su crueldad intencionada pretenden despojarnos de la utopía de llevarla a cabo.
 
     Aún no se da con las palabras para expresar la emoción condensada de parte del modesto ser que escribe y también anda intentando crecer aprendiendo. El significado que pueda representarnos la lengua siempre quedará frágil ante la magnitud de seres como Lucio Urtubia, cuyo compromiso humano lo trasciende y nos obliga a, al menos, sentir la imprescindible como urgente necesidad de querer seguir sus pasos. 

viernes, 29 de junio de 2012

Mientras marchamos soñando...

“Hay hombres que luchan un día
y son buenos.
Hay otros que luchan un año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
ésos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht


Jacek Yerka
                                                                                                           Jacek Yerka


Sueño con serpientes,
con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes,
y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.



No quepo en su boca,
me trata de tragar,
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca;
le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien
.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.


Ésta al fin me engulle,
y mientras por su esófago paseo,
voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye
cuando llego a su estómago y planteo
con un verso una verdad
.
Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión”.


Silvio Rodríguez



... Y tu generosidad me infunde al recibir, 
tanto como cuando me concedés el ser dadora...
y me colmás de tu tierna musicalidad,
rescatando preciosos instantes de la ruina del tiempo,
bañándome de ellos con la calidez que portan tus manos,
pues aún cuando soy la invitada, me elevás un hogar.

sábado, 2 de junio de 2012

Bellas almas



    Aunque muchos se empeñen en demoler de un puñetazo los valores que construyo cada día, aunque muchos ignoren cuántos esfuerzos deposito en la consecución de éste, mi mayor objetivo, aunque muchos olviden que puede erigirse un enorme muro a partir de un pequeño desliz de miradas, aunque tantos no se representen en mis palabras la voz de mi alma, aunque la soledad en ocasiones en lugar de mi rincón placentero sea la consecuencia de mi sinceridad, aunque siempre me cueste levantarme de la cama y salir a que me envuelva la rutina, aunque me cueste también levantarme y salir a ver a niños que con la sola compañía de su tristeza pasan su tiempo relvolviendo basurales, aunque me fastidie la desesperanza por poder hacer sólo un poco, aunque no son escasas las veces en que me desanime dar cuenta de la profundidad a la que se ha instalado la contaminación, aunque me desespera incesantemente la posibilidad de plantearme que a mis valores me los tengo que guardar para mí sola, porque fuera no hallo lugar para compartirlos, y más aún porque el sistema dicta que hay que acostumbrarse a sobrevivir por uno mismo… aún la vida es capaz de asombrarme y enamorarme al ligar mis caminos con los de bellas almas que hacen su manifestación a través de personas a las cuales me resultó completamente impracticable no poder retenerlas a la brevedad... es un fenómeno que rara vez sucede, cuando parece que se conoce a alguien desde hace bastante, aunque apenas hace un tiempo que han entablado trato. Será porque encierran y a la vez liberan todas aquellas cualidades que uno (o al menos yo) no podría dejar pasar en una persona, porque cuando emiten su voz se denota que lo hacen con todo su cuerpo y algo más... que su sola presencia irradia los deseos de querer pasar horas y horas sin estar haciendo nada más que intercambiando conversaciones e infinidad de detalles tan propios y mutuos, porque de sus rayos se desprenden enseñanzas, porque saben cómo hacer que la pena duela menos, porque mis pequeños sueños cobran un significado aún mayor cuando me ayudan a sostenerlos, y sobre todo porque a través del presente acto de compartir que se nutre del acto mágico de dar asentamos nuestros valores y nos constituimos cada vez más como humanos. 

    A quienes se sientan parte de este entorno, de verdad, gracias, son sumamente especiales.