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jueves, 21 de junio de 2018

Sol en Cáncer y alegría en casa 4

La próxima vez, siento que voy a querer decirle: "espectacular tu clase del otro día" y se me van a querer escapar los brazos del torso. Pero por supuesto, el abrazo no me va a salir. Siempre digo que antes que exhibicionista, soy inhibicionista. Y además, si planeo las dos cosas, seguramente me quedarán ambas guardadas para mí, como proyectos inconclusos.

No sólo fue que me resultó todo tan claro, el entusiasmo de su transmisión, y el que haya hecho palpables situaciones clínicas que yo toco con la experiencia sin perder el rigor y la coherencia de los conceptos, es un combo que no conseguía fácilmente cuando un profe dictaba psicoanálisis en la facultad... Más que eso: últimamente me resultaba bastante aburrido y hasta confuso leerlo a Freud. Pero ésta, es una alegría tanto inmejorable por lo inaudita como absurda por lo fugaz.

Mi tendencia es sentirme teóricamente cada vez más cerca de Carlitos Jung y la inminencia del congreso "Lo humano es simbólico" en Córdoba lo reafirma en magnitudes directamente proporcionales a la sonrisa que se me dibuja en la cara cada vez que pienso en ello. Pero el seminario que curso, "El narcicismo en la clínica actual" basado en la obra de Bleichmar y Horstein, hoy me tentó... así como ese Lemon Pie que hace aproximadamente dos semanas quiero cocinar, que por un momento me dije "Apalapapa!, esto suena bastante interesante por los visos de realidad" y sentí placer al sentirme una junguiana con derecho a roce de otras corrientes, cuando las juzgue sensatas en sus planteos.

Ahora ... sí quiero ponerme spinoziana y astrológica: ¡qué alegría lo que puede un cuerpo cuando se confirma el hallazgo de un hogar, sobre todo consignando el Sol de hoy en Cáncer, aunque sea uno teórico, y aunque sea uno prestado por lo que dura la hora y media de la clase. Qué motivada fue la pedaleada de vuelta. ¡Quiero vale 4! Truco y re-quete-contra-re Truco!

¡A entangarse si son guapos!

domingo, 17 de junio de 2018

"Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar".
Introducción al narcicismo, S. Freud (1914).


Más que extrañarlo a él,
siento que, con la intensidad de la verdad añoro,
lo que podríamos haber sido juntos.
Y siempre nos encargamos de suspender...

galopando los excesos de orgullo,
de quien piensa que tiene toda la vida,
toda para disfrutar...

con la altivez de quien se atreve a disputarles,
a las cuestiones del amor,
su justo valor.




jueves, 10 de mayo de 2018

Preludio de Luna en Piscis

La yerba está pasada: en estas condiciones, el tomar mate bien podría ser una transgresión a la tradición. Pero ante todo, una sigue respetando a su estómago. Ya me había levantado para conseguir banco. No tengo ganas de volver a levantarme para salir del aula, a renovar la yerba. La clase se me hace inhóspita, y si salgo es para marcharme definitivamente. El séquito de estudiantes le aplaude a su siempre-y-cuándo-no-bien-tolerado profesor el granizo de ocurrencias que no vienen al caso de una clase sobre educación. Ojo, que acompañando la base rítmica del choque de unas copas de cerveza o de vino, serían un hitazo. Por un momento pienso que quizás en mi intolerancia se entremezcle el hecho de que son las 17 hs. y que ese día la alarma del celular me arrancó de la cama a las 5 a.m. para terminar de preparar un trabajo de su asignatura.

Pero por otro momento... no... (desde que concurro a su clase, en algún momento) mi endiablado sentido común me chista que tengo que ser premeditada, levantar la mano, considerar un triunfo el derecho a la espera, porque hay otro de sus secuaces que se postula a interlocutor al modo de ayudante de cocina que se ofrece a decorarle su torta con todos los firuletes de dulce de leche y crema, y por fin poder espetarle al profesor, "que en estas condiciones seguramente me ganaré un aprobado en la materia pero habré resignado mucho tiempo". Sí, él estaba en lo cierto cuando en la clase anterior, me llamó la atención porque según su sano juicio estaba preocupada mirando mi reloj pulsera.

Pero en realidad... para ser francamente sincera (es uno de los atributos que la gente más me destaca, más allá del bien y del mal) estoy allí por el aprobado. Y porque el resto de los profesores parecen estar tan chiflados como él. -¿Y ya falta menos para irnos? Le consulto al reloj. Ah... al menos sus modos no son agresivos. Así que tendré que ponerme a esculpir una figurilla de arcilla de la paciencia. ¿Cómo es la forma que tendría que asumir tolerancia? Quizás tendría que esperar a terminarla, y en cambio, dedicarme a moldear la sustancia. Tal vez así me daría cuenta que mis pretensiones hacia este hombre revelan mi orgullo... en otras palabras, mi falta de paciencia hacia mí misma.

Oh... sagrado tiempo. Quisiera seguir conociendo a Jung e inventándome un plan de estudios, de carrera, de vida... o cuando menos, tratar de arreglármelas para aprobar Psicología social en quince días. En 2 hs. alguien volvió a elegirme. No importa cómo. Hizo lo que tenía que hacer y estuvo bien. "El todo no lo es todo", dice el apunte, "esto no es la garantía de que haya logrado algún grado de especificidad o particularización". Cuando el cuerpo me regalaba sangre a borbotones, el lugar para estar era la biblioteca. Ahora sí, gustosa de catar la yerba nueva en el mate. Ah... ahí sí que el pianito de Bill Evans puso a bailar a mi mente con Ana María Fernández... Aunque qué bien que se enmarañó conmigo sobre las sábanas aquél muchacho el otro día. Hasta me hizo olvidar... Que lo había olvidado, que se lo pasaba tan bien y que yo podría sentirme en condiciones para proclamar una ley física, que a un percepto le sucede otro distinto no siempre de igual magnitud pero en relación directa con el tiempo transcurrido. Y para enseguida querer borrarla de un plumazo porque no quiero saber nada con seguir echándole leña al fuego leonino de la vanidad que, cuando no está sacando a ostentar sus encantadores atributos, me la cruzo juzgándome a los latigazos a modo superyoico porque nunca me doy abasto.

Anoche, durante un interludio de la clase de tango, sonó una canción de flamenco. Puse en acción mi mnemotécnica por antonomasia: concentrarme sólo en una parte de la letra y tratar de retenerla. Podría bien haberle preguntado a la profe de qué canción se trataba pero en vez de eso me fié de mi memoria. Seguramente a través del buscador de internet, que es capaz de hallar una aguja en un pajar, la encontraría fácilmente. Bastaba teclear "dos amantes+sobre mí+flamenco" pero me faltaban algunas palabras que seguramente dejé escapar de alguno de mis pasos sobre la pista. Qué lindo el sentirse elegida para bailar... para lo que sea que implique el disfrute bondadosamente compartido. Que no es vanidad, porque la vanidad es pretender el dominio siempre fallido de la belleza por la ignorancia.

Creo que los tangueros tienen una sana costumbre: cuando se cambia de pareja de baile, a ésta se la despide con un beso en la mejilla y un "gracias" intercambiado con palabras. No sé si así se cura la herida o si en realidad estaré aplicándole emplastos de aloe vera. Como sea, no importa. Biendecidas las humoradas de los aprendices de tangueros que bailaron conmigo. Un aplauso para el asador, y otro para el tiempo amablemente disfrutado. El resto, no importa. A la canción de flamenco no pude encontrarla. En cambio, encontré otra que tiene un cariz instrumental suave, muy similar. En todo caso, puedo preguntarle a la profe el miércoles que viene cuál podría ser la canción que estoy buscando.


lunes, 7 de mayo de 2018

Algo así como el desamor...


"Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu'en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movía, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh, Maga, y no estábamos contentos".


Rayuela: págs. 16 y 17 (Editorial Punto de Lectura, 2010). Julio Cortázar. 1963
Imagen: cuadro de Leonid Afremov


lunes, 16 de abril de 2018


La belleza no pierde vigencia

domingo, 15 de abril de 2018

Sin ambages



Recortando ahora y vuelta a coser toda la tela de mi romanticismo fundamental, al que quizás mandado a exponerse en su condensación narrativa se le hayan superpuesto algunos significantes, lo que estrictamente quiero decir ya lo cantó bien directamente (en un delirio de claridad) Lacan: "no todos los días encontramos lo que está hecho, de tal modo que pueda brindarnos justo la imagen de nuestro deseo". Y eso importa atribuirme el derecho a sacralizar la implicación de la experiencia. Nada hay de banal en el encuentro con una misma. En nada hay que quitarle el valor a la persona que contribuyó a despertar o crear esa magnitud de sensaciones, aún cuando en última instancia no vaya a responderme puntada a puntada en la consumación del deseo.


martes, 10 de abril de 2018

El Prosti-móvil

    Quien escribe, andaba transitando la noche sobre calle San Juan, bicicleta mediante. Al pasar junto a un auto estacionado, su conductor me lanzó una propuesta: "¿Doblamos en la esquina, bebé?". Como no salía de mi asombro, no pude menos que empezar a aventurarme por el origen de semejante oferta (que con sobradas razones rechacé sin responder palabra). Hete aquí que gracias a uno de los dobleces facilitados por el asiento de la bici, el vestido se me había levantado y llevaba parte de la nalga izquierda al descubierto. Tan sólo disimulada de una mayor exposición, por el pantalón corto que calzaba bajo el vestido. Inevitablemente pensé: chica indecente al volante, salió prosti-móvil.

lunes, 9 de abril de 2018

Sagrado encuentro

En buena hora, ocurrió aquella tarde en que pude fijarme en él. Adecuado, el momento todo. La lluvia, resaltó la música, por cuyo sendero transitaba el distinguido crepitar de las grabaciones antiguas. Los dados arrojados por el destino, cuando cayeron, formaron el par. Los instantes sempiternos en que supe que al deseo no tiene por qué llevárselo la partida de un hombre.
Quise. Mi temblorosa y revolucionada piel sabe cómo quise haber permanecido en sus ojos. Aún erguidos frente a frente. Enfatizando ese modo tan cercano de encuentro sideral. Como cuando entran en conjunción los planetas. Prendidos de la mano y enlazados en el abrazo que posibilita al tango.
Quise acortar mi torpe timidez, de la forma en que él se las ingeniaba para derrumbar la distancia. Válgame el diablo, si dios supiera cómo quise. La piel atestigua cómo fue creciendo el deseo. Las palabras, las escasas, también fueron las justas y las precisas. Hasta la humedad pegajosa estuvo bien... mediante su flujo él deslizó sus dedos cual guitarrista sobre sus cuerdas y me condujo los movimientos que pudieron haber sido más coordinados de no ser por la mirada huidiza... mi escurridiza mirada inaccesible que no quiere descubrir que la están viendo imperfectamente frágil. Que no quiero que me reconozca así del todo, desfigurada como soy. Que yo así me encontraba flotando en la lontananza. Y quiero apreciarle su humildad, su sencillez y su belleza artesanal. Pero que quería detenerme en esos ojos almendrados, de todas formas y sobre todo, que quiero verlo y poder aterrizar al ocaso de lo que cubren sus ropas cuando se desvista.

lunes, 19 de marzo de 2018

El hijo de un diplomático que acaba de llegar de Francia escupió en el dorso de una carta y me la pegó en la frente. Riendo a carcajadas me empujaron contra un espejo. Era un arcano del Tarot de Marsella: L'Hermíte, El Ermitaño. Vi en ella mi infame retrato: un ser sin territorio, solitario, transido de frío, con los pies llagados, marchando desde una eternidad en busca ¿de qué?... De algo, fuera lo que fuera, que le diera una identidad, un sitio en el mundo, un motivo por el cual seguir viviendo. «El anciano alza una lámpara. ¿Qué alza mi alma milenaria? (Ante la crueldad de mis compañeros sentí que mi peso era un dolor transportado durante siglos.) ¿Será esa lámpara mi consciencia? ¿Y si yo no fuera un cuerpo vacío, una masa sólo habitada por la angustia, sino una extraña luz que atraviesa el tiempo, a través de innumerables vehículos de carne, en busca de ese ente impensable que mis abuelos llamaban Dios? ¿Y si lo impensable fuera la belleza?»

Alejandro Jodorowsky en
La Vía del Tarot.


domingo, 18 de marzo de 2018

Ambigüedad

El mundo experimental
es demasiado DUAL
para arrogarse de ser
LO REAL.

Tiene que haber,

por NECESIDAD UMBILICAL.
Algo más trascendente.
Algo que infunda el ÁNIMO.





William Blake.

domingo, 18 de febrero de 2018

Socotroco

"Yo hago mi cosa y tú haces tu cosa. 
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas. 
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías. 
Yo soy yo, y tú eres tú; 
Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso".
Fritz Perls.

Una vez...
me dijiste tantas cosas...
que en realidad, creo que no me dijiste...
sino alguna que otra cosa que te atajé significativa
y la subrayaste...
con alguna que otra cosa que hiciste,
correctamente oportuna,
en varias veces...
que no te creí
que no me marcaste el gol
que aún no me puedo creerlo,
involucrarme yo,
en esta situación de sólido afecto.
Para mí.
(Proeza de arco a arco).
Es siempre desde entonces.


(La versión que más te guste)



jueves, 25 de enero de 2018

Le Fol


Necesito, con urgencia inminente, asumir los riesgos de cada decisión que lanzo al mundo.
Comprender que a cada acción pueden sucederle no una, sino consecuencias contradictorias.
No para aturdirme de pensamientos sino justamente todo lo opuesto.
Poder anticiparme hacia aquél resultado que más se ajuste a lo armónicamente posible.
Prevenirme de los desastres que de lo contrario me perseguirán hasta en lo sueños.
Cautela, la carta de la inocente no tiene que jugar más a la ingenua.
Como decía Jung en alusión a Nietzsche, él no quería ser como éste,como una brizna empujada por el viento.


(bicicleta te extraño, verruga espero que te vayas y no vuelvas, examen quiero aprobarte, vida quiero vivirte en alegría, huerta quiero verte en abundancia, amistades los quiero mucho y les deseo lo mejor)

viernes, 19 de enero de 2018

Carta de despedida

Querida 2 ruedas. Su ausencia empieza a imponerse en mi percepción, en mis planes. Te cortaron la cadena y a mí me cortaron las gambas. Ella me había acompañado en el objetivo entusiasmado de volver a correr. 1, 2, y a la tercera vuelta ya no te vi. Ayer era un día proyectado hermoso, como trato de que sea cada uno. En especial porque, ya en carrera, me había sobrepuesto a algunas contingencias, que no tenían que ver con el calor. Si hasta quería escribir “las gambas tocan el bombo del corazón y le hacen pito catalán al dolor de omóplato derecho y a un cerebro que se desalienta a sí mismo”. O algo así. Lo cierto es que quería dejar de correr antes de haber completado la primera andanza de 20 minutos. Casi me convenzo de ello por las molestas sensaciones corporales que no calmaban a pesar de los masajes que me aplicaba.

(Y es inevitable que después de todo ahora piense que tendría que haberme ido sólo para complacer a mi Diablo, depredador interno que no termino de conocer. Porque también podría pensar que en primera instancia nunca tendría que haberla llevado, que no podría jamás dejarla sola. Pero que al menos no fue violento y que quizás el robo me haya evitado tener un accidente. Pero todo esto no es más que una hecatombe de elucubraciones posteriores que no sirven para nada más que para cavarme un foso más hondo de tristeza e impotencia).  

Recuerdo que al principio no confiaba en ella. En primer lugar, no quería admitirla en mi vida por el orgullo de quien “no puede” aceptar regalos. Luego, parecía empezar a desarmarse: no paraban de caerse tuercas del asiento. Los pedales y el canasto se fueron deteriorando durante la primera semana de uso. Al tiempo fue el eje el problema. Luego vino el descubrimiento de que la rueda era inadecuada para ese cuadro, que se trababa. Al tiempo: cambio de cubierta, cambio de rueda. Pero a esta altura, ya la había adoptado, había estrenado mi primer accidente arriba suyo, la había “tuneado”, como se dice ahora, con un guardabarros, nuevos puños además de un canasto bastante croto, por cierto pero que me ayudaba a transportar cosas, y la mayoría de los kilómetros gastados eran parte de la bienintencionada memoria.    

Yo que no me encariño con ningún objeto más que con algunos libros, practicaba el materialismo con la bici. Orgullo de desplazarme a cualquier lado por mí misma. Quienes me conocían, la bici era una de las primeras cosas que sabían de mí. De disfrutar del placer de pasear al ritmo de una suerte de dos alitas, como de las que hablaba Frida. A pesar de todo me doy cuenta de que, si bien a la bici le iba al pelo el símbolo de las alas, aquellas también pueden representar la imaginación, a la pasión, al amor y a la alegría. Amor y alegría, a los cuales juré defender de circunstancias que muy fácilmente podrían habérmelos arrebatado.

Cuando me di cuenta de que no iba a volver a montar la bici, la tristeza empezó a surcarme un tajo enorme desde las solitarias piernas hasta el corazón decepcionado. Pero sobre todo estaban las personas queridas. Que contestaron enseguida, que se ofrecieron en lo mejor de sí: su afecto. Que me pegué la vuelta caminando con ellas. Y cuando llegué también estaba el vecino más piola del edificio para abrazarme con sus palabras.

Opereta del destino, como llamo a ese orden quizás azaroso, quizás sólo incomprendido por más vasto que nosotros mismos. El vecino bajó en el cuarto piso. Yo continué el ascenso rumbo al décimo piso. De repente, el ruidazo testigo del funcionamiento normal del ascensor se había callado. Estaba atrapada en el ascensor, que se había detenido conmigo adentro. Las personas, que son pocas, pero excepcionales, seguían ahí poblándome de presencia cariñosa.

La sed perseveraba. Extrañamente y muy a pesar de todo terminé sacando una sonrisa del pecho. Y respecto a la bici, ojalá que sea aprovechada, nada más. Como siempre lo mejor de todo es que nos tenemos a nosotros. Gratitud no es conformismo. Pude experimentar eso, así como científicamente. Las cosas son accesorios para hacernos más eficiente la vida. Necesarias, por supuesto. Pero el cariño de la humanidad es lo que nos salva. El corazón está remendándose y las personas queridas dieron las primeras puntadas. Gracias. 





¡Oh amigos, dejemos esos tonos! ¡Entonemos otros más agradables y más alegres! Alegría, hermosa llama de los Dioses, hija del Eliseo. Entramos, oh celeste deidad, en tu templo ebrios de tu fuego. Tu hechizo funde de nuevo lo que los tiempos separaron. Los hombres se vuelven hermanos allí por donde reposan tus suaves alas. Quien haya tenido la dicha de poder contar con un amigo, quien haya logrado conquistar a una mujer amada, que su júbilo se una al nuestro. Aún aquel que pueda llamar suya siquiera a un alma sobre la tierra. Más quien ni siquiera esto haya logrado, ¡que se aleje llorando de esta hermandad! Todos los seres beben de la alegría del seno abrasador de la naturaleza. Los buenos como los malos, siguen su senda de rosas. Ella nos da besos y vino y un fiel amigo hasta la muerte, al gusano le concedió la voluptuosidad, al querubín, la contemplación de Dios. Volad alegres como sus soles a través del inmenso espacio celestial, seguid, hermanos, vuestra órbita, alegres como héroes en pos de la victoria. ¡Abrazaos millones de hermanos! Que este beso envuelva al mundo entero! Hermanos! Sobre la bóveda estrellada habita un Padre bondadoso! ¿Flaqueáis, millones de criaturas? ¿No intuyes, mundo, a tu Creador? Búscalo a través de la bóveda celeste, ¡Su morada ha de estar más allá de las estrellas

Letra Oda a la alegría (Beethoven).
Recorte de la peli Hombre mirando al sudeste (Eliseo Subiela).

lunes, 15 de enero de 2018

Superescatológico... ¡sí!


A razón directa de que la marea de la locura crece,
el remedio que ha buscado la inquietud,
ha sido un chaleco químico enmacoñado y una dotación de trotecaminatas!

Así es como una se desentiende de toda la mierda,
que últimamente se ha venido cargando encima...
por medio de unos cuantos escupitajos de saliva!

¡Discazo!
(desde mi miopísimo punto de vista pero agudísimo oído 😆)

domingo, 14 de enero de 2018

La Fuerza


Es una constante su querer incorporarse en el tránsito de mis tiradas. La mujer está erguida y me interpela, en la densidad de mi perseverante encorvadura.
Hay quienes dicen que su figura posee la sabiduría del equilibrio sobre su cabeza. Yo observo que a la altura de su vientre, donde radica físicamente su feminidad, ella experimenta con el filo de sus propios instintos.
Desliza sus dedos desde el contorno de las fauces, como quien empieza a explorar las dimensiones de su ser amado. Mientras, escudriña en el foso oscuro de lo desconocido o de lo ya hace mucho olvidado.
Pero un momento… ¿dónde están los colmillos de la bestia? Recita el movimiento de la compasión hacia la propia animalidad, que entonces se reclina ante ella. Es probable que el fin del contacto sea darle de comer. Dulce y determinante es el modo en que ella le ofrece su rodilla a la fiera para su sustento.
La cabellera del león brilla, como la de quien se procura el cuidado de sí mismo. Éste le retribuye sus atenciones con una mirada afectuosa que no quiere dejarse guiar por el orgullo. Ofrece como moneda de cambio, el no lanzarse al desborde desmedido de las pasiones.  Movimiento de aprecio continuo y espiralado que sale, entra y vuelve a circular el cuerpo. Llega hacia su superficie iluminándole el torso, hasta pasearse destellando en el ala de su sombrero.
La dama no necesita vigilar con cautela a un león que no es hostil. Ella, serena y amorosa, repara en sí misma. Considera una relación de respeto mutuo la de centrarse en la construcción de la propia integridad. La dama finalmente ha limado las heridas punzantes que le estampó una existencia vía láctica y se ha ocupado de sí misma, de que nadie, ni siquiera ella misma ose devorarse.
Pero acaso, ¿el león no parece estar surgiendo de ella? Contenido continente, aquella belleza rugiente.
El coraje de relucirse con todas las remendadas piezas juntas y la fuerza de saber qué bueno es poder contar con una misma, en todas sus partes.

lunes, 2 de octubre de 2017

Abolición de la siesta

Jueves 28 de septiembre, 2.15 pm.

La corneta de un churrero chilla ejerciendo la abolición de la siesta en el barrio.
Que se le rehúsen tanto las suspicacias de dios como las del diablo.
A mí me basta con dedicarle mi absoluto rechazo.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Qué tal, López

Un señor encuentra a un amigo y lo saluda, dándole la mano e inclinando un poco la cabeza.
Así es como cree que lo saluda, pero el saludo ya está inventado y este buen señor no hace más que calzar en el saludo.
Llueve. Un señor se refugia bajo una arcada. Casi nunca estos señores saben que acaban de resbalar por un tobogán prefabricado desde la primera lluvia y la primera arcada. Un húmedo tobogán de hojas, marchitas.
Y los gestos del amor, ese dulce museo, esa galería de figuras de humo. Consuélese tu vanidad: la mano de Antonio buscó lo que busca tu mano, y ni aquélla ni la tuya buscaban nada que ya no hubiera sido encontrado desde la eternidad. Pero las cosas invisibles necesitan encarnarse, las ideas caen a la tierra como palomas muertas.
Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla. Estas dos sensaciones igualmente cerca del estómago acompañan siempre la presencia de Prometeo; el resto es la comodidad, lo que siempre sale más o menos bien; los verbos activos contienen el repertorio completo.
Hamlet no duda: busca la solución auténtica y no las puertas de la casa o los caminos ya hechos, por más atajos y encrucijadas que propongan. Quiere la tangente que triza el misterio, la quinta hoja del trébol. Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos. Los príncipes de Dinamarca, esos halcones que eligen morirse de hambre antes de comer carne muerta.
Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro!
Ahí viene López.
—¿Qué tal, López?
—¿Qué tal, che?
Y así es como creen que se saludan. 

Julio Cortázar. En Historias de Cronopios y de Famas (1962)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Buscando camorra


    "En las tribus primitivas o comunidades agrícolas, todos se conocen, cada uno se relaciona personalmente con el otro. Los retardados y deficientes mentales no son recluidos en instituciones, porque la comunidad simplemente los tolera. La gente se ríe y dice: "Bueno, tú conoces a fulanito". Recuerdo que al llegar a la aldea donde creí, se acercó un hombre que dijo: "mi padre es cleptómano. Roba todo lo que pilla. Si les roba algo, por favor no llamen a la policía. Hablen conmigo y yo les devolveré todo". Así, el pobre viejo cleptómano no necesitaba ser internado. Todos conocían su problema y lo compensaban. Esto es relacionamiento personal. E, incluyendo su problema, pertenecía personalmente a la comunidad. En una sociedad así, hay menos delincuentes y menos gente en el manicomio. La sociedad ampara y soporta al individuo, dándole un margen de libertad; las personas se encogen de hombros y perdonan, como diciendo: "Paciencia, él es así". La gente es aceptada tal como es. Eso es lo que perdimos. Eso es lo que debemos recuperar de algún modo". Marie Louise von Franz en El camino de los sueños.

    Puede resultar muy armonioso, pacifista, edulcorado, casi amorrado a los modismos nueva-erísticos (la raro-fonía del neologismo corre por mi cuenta) que pululan en la actualidad, leer este párrafo abstraído de algún hecho tan concreto como carnal. No obstante, lo que me ha enseñado mi propia y singular experiencia es que no voy a disponerme a dejarme influir por actitudes hostiles de personas que poseídas por su malestar interno no cesan de lastimar e imponerse en un entorno que justamente aunque incoherentemente, manifiestan, querer ecológico.

    No es que me considere mejor que nadie ni con facultades para detentar un poder de policía de señalar lo que está bien o mal, lo saludable o lo patológico; todo lo contrario a creerme egresada de la superación personal. Antes bien, siendo consciente de mis dificultades y postulando a la preservación de la salud mental como una garantía inexcusable en las actividades que desempeño, prefiero sacrificar mi pertenencia a esos círculos. En este sentido, me declaro abiertamente intolerante a todo aquél que ande buscando camorra, o que ose hacer tambalear la libertad de la alegría. 

    Entiendo adonde apunta el texto transcrito, como también que se trata de un extracto de una entrevista más global en la cual se intenta converger distintos temas. Yo me cuento entre quienes piensan que gran parte de los que en nosografía psiquiátrica se conocen como trastornos, son productos en los cuales las familias trasuntan los modos de relación de una sistema económico-político-social-cultural (muchas veces no consiguen escapar a ellos) . Pero me temo que una consideración tan inocente por hipotética puede llegar a lindar con una complacencia peligrosamente generalizable, que fomenta no hacerse cargo de los efectos que genera, esta vez, el individuo que no se hace responsable de su presencia en el mundo. La cualidad asombrosa del ser humano es la de poder manifestarse tanto a través del individuo como del colectivo.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Amor líquido

Radicando en un sistema de vida donde la incertidumbre se derrama sobre los vínculos humanos y provoca el divorcio de sus átomos al punto de volverlos frágiles, inconstantes, volátiles, inciertos, huidizos, imprecisos, innominables, desconfiados, sospechosos, inverosímiles; al decir de Zygmunt Bauman, basados en alguna "conexión que no debe estar bien anudada, para que sea posible desatarla rápidamente cuando las condiciones cambien".
Esta modalidad, acaba siendo prevaleciente y por esta razón, puedo registrarla como la logística de un sistema de vida cuyos movimientos incalculables sacuden los vínculos de la forma que lo hacen con las economías de los países. Y todo legitimado, con el agua bendita de la nueva era que propone prescindir de la regularidad y en cambio, desapegarse, fluir sin un fin, tan sólo concentrarse en el aquí y el ahora pero con la misma fachada que la religión tradicional, porque se destaca que la realidad es una ilusión y la forma de emanciparse es trascenderla, como antaño se pretendió llegar al mismo objetivo desatendiendo el interés sobre el cuerpo.
Entonces, sita en este sistema de relaciones líquidas, pienso que atreverse a cultivar (derivando todas las implicancias que tiene este concepto en agricultura) el amor como tarea constante y voluntariosa en sus diversas manifestaciones, es un acto contracultural y hasta revolucionario.


jueves, 31 de agosto de 2017


"Es naturalmente una ironía el que yo, como psiquiatra, haya topado en mi experimento, por así decirlo, a cada paso con aquel material psíquico que constituye los elementos de una psicosis y que por ello se encuentra en el frenopático. Es aquel mundo de las imágenes inconscientes que sume al enfermo mental en fatal confusión, pero también a la vez una matriz de la fantasía creadora de mitos, que han desaparecido de nuestra época racional. La fantasía mítica existe en todas partes, pero es tan mal vista como temida, y parece incluso una experiencia arriesgada a una aventura equívoca confiarse a la senda insegura que conduce a las profundidades del inconsciente. Pasa por una senda del error, de la doblez y del equívoco. Pienso en las palabras de Goethe: «Atrévete a abrir las puertas ante las cuales todos prefieren pasar de largo»".



Texto: Carl Jung en Recuerdos, sueños y pensamientos
Imagen: Carl Jung en El Libro Rojo