martes, 22 de enero de 2013

Desnudez

cuerpo que nos va labrando la identidad
como si no nos recordáramos de otra manera
corpóreamente demarcados
rasgos de vida se nos quedan
corpóreamente observados
lingüísticamente satisfechos
me gustaría que mi beso te traiga amor
quiero darte las buenas noches y mi bien
lo interior se exterioriza, aunque tal vez semejante dualismo no sea de verdad
¿y qué importa si no lo es?
vestite y practiquemos un nudismo desnudista
y cubrime con tus sueños
¿te animás a arrancarte tu vestido de piel?
ahora sí que te siento

martes, 8 de enero de 2013

Quería... Quise... Quisiera...

     Quería escribir antes que todo. La consecuencia inmediata entonces era que quería convertirme en escritora antes que en abogada, psicóloga y cualquier otra profesión que desde el llano se me ocurrió que podía llegar a encarnar bien y a gusto. El asunto es que creía que estaba preparada... tenía los papeles, un par de lápices (con uno escribía y con otro, tachaba), algunas palabras y cuando no contaba con las experiencias, las vivenciaba en la acogedora alfombra de la imaginación. Como dato extra, me fui haciendo más observadora en el transcurso de hojas rellenadas, y elemento del mundo. Pero la casita de cartas se ha desplomado. Así de un soplido, con apenas comentarios. De cualquier manera, me asumo: siempre quise decir algo (aún tengo mis resguardos sobre la decidida vaguedad de este vocablo). Seguramente sucedió que no supe transmitirlo porque si no se consigue transmitir algo (bah... otra vez esta jodida palabra acarreando su multivocidad) aquí equivale a quedar a media voz, ya China Zorrilla lo dejó bien en claro en la genial peli Elsa y Fred: "el arte te llega o no te llega". Pero como si a ésto pudiera incluirlo dentro del arte... Seguramente tengo que seguir aprendiendo porque descubrí que el soplido fue un llamado de atención que provino de mí misma, que siempre soy yo la criticista y ahora me toca repararme en lugar de reprenderme y andar buscando a quién corregir encontrándome yo misma sujeta a la imperfección... ¡pero qué perfecta incoherente! Pero qué frágil soy... las flores son delicadas, no frágiles. Menos aún contradictorias. Ellas sí que saben fluir. Siempre quise aprender a florecer, de hecho siempre lo intento, percibo que hay quienes lo hacen muy bien y se acomodan al Sol todos los días... pero mis capullos se marchitan a destiempo... pero qué idiota-ilusa-casi-todo-intento-de-nada. La cosa es que se me ha estancado el sueño. Bueno... menos mal que no atendí algunos consejos y no me visualicé estudiando Letras.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Como barrilete de niños...

Si te alcanzo,
me remonto  
Para J.M.

lunes, 24 de diciembre de 2012

En busca de callitos extraviados

     El intento no fue trunco, la mano no se torció. Pero ahora, necesito recuperar los callitos de mis dedos izquierdos, los de una época que ejerce sin trastocar la buena memoria y me retrotrae a través del cable a Tierra que supo llevarme a bordo, cuando ella se sentaba sobre mi regazo y yo me apoyaba a gusto sobre las cuerdas desplazándome como pajarito errante de árbol en árbol, ensanchando los minutos hasta desembocar en una eternidad enteramente dichosa marcada solamente y dulcemente por los acordes que ella conseguía extraer de mis huidas y yo luego, quería devolverle como persiguiendo sus latidos.

    Ello requerirá de práctica, que se sabrá diaria y horaria, con cierto acompañamiento de voz... así que hago de esta entrada un comunicado, después de cuya publicación se entenderá que mis vecinos (y quienes se encuentren cerca) han quedado avisados de que la guitarra criolla y yo volveremos a surcar el aire juntas, pese a que en ocasiones me ha robado la imaginación una imagen mía sosteniendo una guitarra acústica (y esto puede oler a infidelidad), esperamos que no ofenda a nadie nuestra reconciliación. Trataré de no desafinar.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Gracias a un corte de electricidad...

     recuperé a un castaño compañero. La lluvia ya no era amena, derramaba las gotas como golpes que azotaban. La lluvia velaba la noche con ininterrumpido estrépito. La radio casi nunca suele sentarse a mi lado, menos en estos días de ausencias. Así fue que me sentí inducida a dirigirme hacia el rincón que forman mi cama y el equipo de música. Allí estaba, obturado, pequeño expulsado de mi mirada. Lo rescaté del polvillo en el que estaban sumergidas sus vestiduras. Lo desnudé lentamente, temía hacerle daño, más de lo que ya había causado el paso del tiempo. Pero su piel llevaba la misma delicadeza de aquellos años que guardaron mis recuerdos. Suspendidos, supo que volvía a ser yo. Nos apoyamos sobre la cama, tomé su cuerpo y cuidadosamente lo acomodé sobre mí. Rezumaba el aroma que esperaba encontrar. Sabía a madera encantada y clara. Transmitía el hechizo de algún bosque lejano donde existen duendes y sabios. Me animé a improvisar. Aunque creo que le despeiné las cuerdas. Se puede entrever un arrullo de algún lago surcando esas pobladas tierras mientras lo arreglo un poco. Un momento... necesito una canción que conmemore esta noche de oscuro encandilamiento. Me bañaré en el lago, ya que la brisa en las manos se siente bien. Me dejaré llevar, ya que él me ha arrastrado hasta ahí. Nunca podría haberme conducido hasta ahí bajo el dominio de mi voluntad, él me ha llamado indudablemente. Me susurró en el aire algo así como: "vení, aunque sea mordé acordes de mí y arrojáselos a la noche inquieta que truena los sueños. Dale, vení que se quiere quedar hasta mañana y jugar a nublarle la vista al Sol". Trato hecho, intentemos remediar con un poco de memoria el presente inundado. Disfrutemos el intento, mirá que puede mojarse también. Qué calidez fue que hablase él primero antes de que yo consiguiera hacerle decir unas notas... demás está escribir que demoré bastante rato en poder hacerlo. Como sea, se ingenia para no hacerme desafinar tanto y despejarme del tumulto, del barullo, del ruido a agua o a gente insomne que desde el anonimato de los edificios se atreve a desgarrar la noche a gritos. Con sólo los dos acordes que componen Songbird me sacó una gran sonrisa, de encías asomadas, pero es más que eso... instrumento querido, guitarra.