miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nick Drake

La sinceridad que expresa Nick Drake en sus composiciones no precisaba más que su voz, y una guitarra o un piano para convertirse en música. Así lo conocí a través de su último disco Pink Moon (1972), creyendo en realidad que era el primero.
Por eso es que el formato acústico le sienta tan bien, ya que realza la sensibilidad de este ser de voz introvertida y suave como un susurro que le escribió al amor, a los sueños, a la soledad, y en quien la naturaleza ocupa un lugar primordial.
Con la añadidura de violines y algunos elementos de jazz en Bryter Layter (1970), así como también gracias a los arreglos íntimos y cercanos que posee Fives Leaves Left (1969) sentí que me cantaba al oído, y desde allí penetraba a las profundidades de mi interior la carga de nostalgia y melancolía del otoño que encontré en sus canciones, las cuales me brindaron un refugio, un lugar para estar, conectándome conmigo misma, y sintiéndome acompañada en mis momentos solitarios.


Time has told me
Time has told me
you're a rare rare find,
a trouble cure
for a troubled mind.

And time has told me
not to ask for more.
Someday our ocean
will find its shore.

So I'll leave the ways that are making me be
what I really don't want to be,
leave the ways that are making me love
what I really don't want to love.

Time has told me
you came with the dawn.
A soul with no footprint,
a rose with no thorn.

Your tears, they tell me
there's really no way
of ending your troubles
with things you can say.

And time will tell you
to stay by my side,
to keep on trying
'til there's no more to hide.



So leave the ways that are making you be
what you really don't want to be,
leave the ways that are making you love
what you really don't want to love.

Time has told me
you're a rare rare find,
a troubled cure
for a troubled mind.


And time has told me
not to ask for more
for some day our ocean
will find its shore.

martes, 6 de diciembre de 2011

Jugosa sandía

    Hacía calor, un calor asfixiante como podía inferir un verano en Rosario. Había llegado un punto de la noche en que la propia tersura de la cama le resultaba pesada, por ello creyó conveniente destaparse y hacer las sábanas a un lado. Las arcadas eran intolerables, los cabellos se le adherían a la frente con la espesa viscosidad del sudor. Lo único que deseaba en ese momento era levantarse a beber agua y comprobar por fin que la sandía no continuaba pudriéndose en la heladera. Que algo más que orgullo o estupidez en sentido material anidaba en ese ser que si bien la había concebido, por suerte (producto de cuestiones de genética o quién sabe) no había logrado transmitirle su especial aprecio hacia la suntuosidad. Porque donde se marchitaba la perfecta conjunción del aroma, el color y el sabor de la naturaleza en una jugosa sandía, ella apenas palpaba una heladera mediante la cual guarecerse de acumulación.
    ¿Para qué iba a hablarle sobre sentarse a compartir juntas un trozo de esa jugosa sandía? ¿Cómo iba a lograr contarle sus deseos, sus aspiraciones y sus pasiones si ella nunca los comprendería? ¿Por qué intentar llegar a alguien que siempre se empeña en destruir los puentes? ¡Cómo si nos implicasen tan poco tiempo y esfuerzo! ¿... Aunque sea parte de su familia, pese a que entrañe tu sangre? ¿En quién encontraba ahora de verdad su familia, los vínculos que la completaban? Parecía que cuando ella antaño la había dado a luz, ahora le devolvía oscuridad. Porque de todas maneras ella ya había cumplido su rol, ya había tomado la temperatura cuando su hija se quejaba de un persistente dolor de cabeza, ya se había puesto otra vez la jumper de escolar cuando las maestras indicaban estudiar de memoria las tablas de multiplicar, ya había tragado una y mil veces la preocupación durante la primera salida a bailar... aunque aun la satisfaga el hecho de esperarla en casa con la cena preparada... ¿acaso en verdad la satisfacía? ¿Dónde culminaba el placer y comenzaba la obligación? ¿De qué forma podía caber el afecto en las estrechas líneas de sus manos arrugadas?
    Si al fin y al cabo, durante el almuerzo y la cena, lo importante eran las noticias del televisor aunque ofrecieran como sacrificio las reales, las cotidianas, las humanas novedades de palabras y gestos que inabordables se desgarraban detrás del ensordecedor ruido de este aparato. Si para sus ojos lo concreto era lo visible, atómico y materializado; no en cambio aquello que encerraba el misterio, la potencia, la fuerza que se llevaba a cabo, entonces cada una de las partes que componían a su hija, su alma no volaba más que como sombra difuminada de lo que alguna vez hubiera podido llegar a ser.  
    El calor ya le resultaba opresivo... tanto que finalmente no consiguió levantarse para lograr su cometido. Tal vez era a causa del excesivo calor o ella, quien en verdad no se atrevía a asomarse dentro de la heladera. Una casa no siempre es un hogar, aunque a veces se las alterne indistintamente como sinónimos, la hija lo sabía. Mientras su madre se amoldaba pasivamente a la rutina, la hija la resistía por medio de impulso. A veces sospechaba si su madre no quería en realidad sino sentarse a esperar la muerte sola. Aunque quizás a la hija también la rebosaba el orgullo, pero a ese orgullo era incapaz de edulcorarlo aun la paciencia de la jugosa sandía.


"El corazón late con fuerza
como siempre,
pero esta vez no está al ritmo del tiempo,
perdido y olvidado en casa.

Me va a explotar por la nariz,
me doy vuelta en las sábanas sudadas,
contemplo el óxido que crece en mí,
se corroe hasta el esqueleto.
Hablo en voz alta y viajo a mi interior buscando,
busco vida durante un rato.
Me quedé en mi lugar,
con la esperanza como amiga, hago un poco de tiempo.
Busco un buen comienzo,
pero se convierte en una decepción".

  
Fragmentos de la canción Hjartað Hamast (bamm bamm bamm) [El corazón late con fuerza], de Sigur Rós, que forma parte del disco Ágætis Byrjun, a cuya portada corresponde la imagen que publiqué en esta entrada y edité medianamente.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Place to be

   Si el respeto se confunde con humillación, escúrrelo como si fuera un trapo viejo en las alcantarillas. Si la moral pretende elaborarte un caparazón donde reprimir tus deseos, pues desnúdate la piel y déjate ser. Si el dictamen del deber te encierra bajo mil candados, dale un empujón y reclama tu voz. No te avergüences si te das cuenta que la seriedad en realidad conduce a un escondite donde no tienes necesidad de entrar. Si la educación se encamina a crear sujetos en serie universal, fórmate a ti misma. Si al mercado sólo le falta añadirte un código de barras, hazte singular. Si te hallas vacía y quieres volver a encontrarte contigo misma, cava bien hondo y entonces arregla una cita con la soledad.
   Si el universo se muestra uniforme ante tus ojos, entonces busca los multiversos. Si acaso observas que el mundo se está cayendo a pedazos, nota también cómo se inclina la majestuosidad de los atardeceres (¡y qué bellos se sienten!). Si ya la base se encuentra putrefacta, si cada cimiento sobre el cual ha sido forjada está contaminado de mentiras, entonces confía en ti y crúzate a la vereda de aquellos que no se negarán a tu abrazo. Porque el paso de los años podrá despertarnos de la ilusión de que el mundo tiene nuestro color favorito, el desengaño podrá hacernos crecer endureciéndonos el corazón, aunque jamás podrá corroer nuestro sitio para los sueños.
   Desdeña del ceño, y frunce ahora las comisuras. Sonríe acompañando los buenos días, sonríe mientras subes al colectivo, sonríe cuando quieras recordar. Pero no te disgustes si alguien no te responde, aquél tal vez no descubrió en la sonrisa un lugar para estar. Nunca sabes de qué abismos puedes rescatar, no te imaginas a cuántos puedes contagiar. Los héroes en verdad existen, y ellos nunca dejan de devolver la sonrisa. 



Cuando yo era joven, más joven que antes,
nunca vi la verdad colgando de la puerta.
Y ahora que soy más viejo la veo cara a cara,
y ahora que soy más viejo tengo que levantarme a limpiar el lugar.

Y estaba verde, más verde que la colina,
donde las flores crecen y el sol brilla tranquilo. 
Ahora soy más oscuro que el más profundo mar.
Sólo ayúdame, dame un lugar para estar.

Y yo era fuerte, fuerte bajo el sol.
Pensaba que vería acabar el día.
Ahora soy más débil que el azul más pálido.
Oh, tan débil en esta necesidad para ti
.
Place to be, Nick Drake.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El Cielo Sobre Berlin

Der Himmel über Berlin
(El Cielo Sobre Berlin)
Wim Wenders, 1987
 
"Mirar desde arriba no es mirar; hay que mirar a la altura de otros ojos"

   Los ángeles que deambulan Berlin en color sepia no poseen alas, sino que visten trajes  oscuros e incluso lucen muy semejantes a los humanos. Excepto que estos seres celestiales observan a los habitantes de la ciudad, tanto desde el aire como en la tierra cuando descienden a apreciarnos más de cerca, no como lo hace la mayoría de las personas, puesto que estos ángeles son capaces de internarse hasta la esencia humana, pueden escucharles extrayendo los más hondos pensamientos y sentimientos que a menudo se ven inhibidos en una época caracterizada por ostentar las armas, lo material, lo extraño, lo más ajeno y destructivo de nuestra existencia. Y pese a que no les es posible cambiar los cursos de las vidas mortales, abrazan la cualidad que a muchos se les ha extraviado de su andar, son quienes les tienden su mano sobre el hombro a los desamparados y abandonados de afecto. Ellos registran detalladamente cada experiencia humana. Pues de veras se jugarían su existencia eterna para lograr experimentar aquellas sensaciones que al estar tan impregnadas de cotidianeidad ya damos por sentadas, a menudo restándoles la importancia que realmente se merecerían ¡cuando nos integran cada día! ¡Cuánto darían estos seres por estirar los dedos frotándose las manos cuando el clima está, agradecer el color, sentir la compañía de los huesos y de la sangre, saludar y ser saludado, disfrutar del aroma al café... sentir, saber lo que es el amor, mientras estás en los brazos de otra persona, ambos unidos formando parte del mismo ser y al mismo tiempo encarnando lo que todas las personas alguna vez anhelaron! Eso es humanidad, y en ella radica lo que puede salvarnos.
   A los ángeles que deambulan Berlin en color sepia les agrada pasar tiempo en las bibliotecas, donde intentan capturar el asombro. Es a causa de ello tal vez que los únicos humanos para quienes los ángeles son perceptibles son los niños, que conservan intacta la curiosidad, tan pura que su sensibilidad no permite que se les escurra y aun cuando corren ella viaja consigo, mientras intentan desentrañar las amarras del mundo que los rodea para luego anudarse junto a él... hasta que su corazón no se haga mayor.



Als das Kind Kind war,
ging es mit hängenden Armen,
wollte der Bach sei ein Fluß,
der Fluß sei ein Strom,
und diese Pfütze das Meer.
Als das Kind Kind war,
wußte es nicht, daß es Kind war,
alles war ihm beseelt,
und alle Seelen waren eins.

Als das Kind Kind war,
hatte es von nichts eine Meinung,
hatte keine Gewohnheit,
saß oft im Schneidersitz,
lief aus dem Stand,
hatte einen Wirbel im Haar
und machte kein Gesicht beim fotografieren.

Als das Kind Kind war,
war es die Zeit der folgenden Fragen:
Warum bin ich ich und warum nicht du?
Warum bin ich hier und warum nicht dort?
Wann begann die Zeit und wo endet der Raum?
Ist das Leben unter der Sonne nicht bloß ein Traum?
Ist was ich sehe und höre und rieche
nicht bloß der Schein einer Welt vor der Welt?
Gibt es tatsächlich das Böse und Leute,
die wirklich die Bösen sind?
Wie kann es sein, daß ich, der ich bin,
bevor ich wurde, nicht war,
und daß einmal ich, der ich bin,
nicht mehr der ich bin, sein werde?


Cuando el niño era niño
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente
y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué no, allí?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Es la vida bajo el Sol no sólo un sueño?
Es lo que veo y oigo y huelo,
¿no sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad son los malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que yo soy,
no fuera antes de devenir; y que un día yo,
el que yo soy, no seré más ese que soy?

Extracto de Canción de la infancia, de Peter Handke,
cuyas estrofas se van completando a medida que recorren esta maravillosa película. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Esta apremiante paz impuesta

   Este intolerable empequeñecimiento. Esta constante necesidad de huir de una realidad a la cual nunca pude imprimirle mi huella. Esta imposible necesidad de ocultarme y de marginar al corazón. Y mi razón de querer volar, dejándome ser.

  Esta apremiante paz impuesta. ¿Cómo se hace para desprenderse de donde no se terminó nunca de echar raíces? ¿Cómo haré para derrumbar tu torre de ilusiones sin decepcionarte? Mirándote directo a los ojos, expresándolo con solidez. ¿Quién soy para vos? ¿Soy tan sólo el eclipse de la genial idealización que fabricaste, o podrás ahora leerme a través de mí aun diciéndote estas palabras tan crueles que no querrías oír? ¿Qué es lo que seré? La desagradecida que hizo un bollo de todo y lo echó a la basura, en absoluto. La frustración de la familia. La hija única que siempre recibió soporte y de parte de su padre, un trabajo que no merecía. La que naufragaba en el suelo cada vez que tenía que mentir insinuando que todo estaba bien, y probablemente, la que se reproche lo que le queda en edad por este error doblemente consumado. Porque no sólo engañó a todos, sino también se defraudó a sí misma.

- Golpeame, golpeame, si ya estoy demolida por dentro.
 
   Los dolores de cabeza, las arcadas, la materia que aun no rendí y estoy estirando desde hace tres años siendo que es una de las principales bases de la carrera... los síntomas ya hicieron mella. A mí siempre me cuesta bastante esfuerzo lo que haga, sin embargo no por eso me rindo. Aunque intenté convencerme, esta vez no pude... me siento enferma, oprimida, agobiada, agrietada, vieja, adulterada.  Me siento una mierda... detesto la mentira, no la soporto, no consigo entender a las personas deshonestas si va en contra de la esencia del ser que ha moldeado cada uno, entonces no logro comprender cómo demonios he llegado a mentir así.

   Encerrada en mi habitación, compartiendo mi llanto con la cercanía de las paredes. El muro formado por la distancia entre mis padres y yo se ensanchó cada vez más que no supe cómo detenerlo. Otra vez un muro acechándome infranqueable... no pude contra sus ladrillos, es que ese muro también está hecho de mi miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, a poner en riesgo a los afectos y la confianza que ellos han depositado en mí. Fue tal el temor que me abrumó que tuve que trasladar mi convalecencia a una carta, así de cobarde fui.

   Como un árbol al que le arrebataron las ramas, ese mismo árbol tiene que aprender a podarse solo y dejar caer sus hojas en otoño. En palabras de Bilbo Baggins, me siento frágil, dispersa como mantequilla untada sobre demasiado pan. Incluso creo que reduje mi altura  en algunos centímetros. Es que ya no siento ganas, tuve que detenerme cuando la sangre había dejado de fluir. Ese es mi punto de no retorno, de donde seguramente renacerá el impulso para recuperar el corazón y emprender los estudios consciente de que lo haré con la finalidad de obtener un sustento e independencia, pero también apasionadamente al igual que como me compenetro en las diversas actividades que me alimentan, integran y hacen crecer.

   Como el cielo, que sumergido en oscuridad comienza a ser iluminado por un fino haz de luz estelar, tras un dolor muy grande, los momentos de felicidad sobrevinientes también se disfrutan con mayor intensidad como si hubiese sido necesario haber atravesado previamente ese dolor también intensamente para descubrir luego que estamos ante el genuino placer... y cuán recompensados nos sentimos. Y yo sé que no tengo que esperar a estar graduada para hallar el bienestar materializado en la casa de los sueños, porque aprendí que la felicidad también puede encontrarse a mitad de camino. 



"Este mundo podría haberte fallado.
No te dio la razón del porqué.
Vos podrías haber elegido
un diferente sendero de vida.

La sonrisa cuando me destrozaste.

Tomaste mi corazón,
me engañaste bien desde el comienzo.
Me mostraste sueños,
yo deseé que se convirtieran en realidad.
Rompiste la promesa
y me hiciste dar cuenta...
que era todo una mentira".
Angels
Within Temptation