martes, 22 de marzo de 2011

De agrupaciones universitarias

    Ellos se han convertido en parte del color del mundo facultad. Ya desde el primer día, cuando caminamos un tanto desorientados por esos largos como desconocidos pasillos, nos atestan de folletos. Nuestro rostro justificadamente confundido nos delata, y ellos, quienes ya se saben de memoria las expresiones de los primerizos, nos inquieren: "¿Sos ingresante?", mientras intentamos hacernos camino, esquivando volantes entre todas las mesitas distribuidas tan convenientemente para el atropello masivo.
    Ciertamente, debo admitir que la primera vez que me crucé con los chicos de la agrupaciones morado, (aunque quienes vistan de hecho de este color sean los de 1983), azul y anaranjado, pensé en la cantidad de requisitos conspicuos a cumplir para ocupar ese cargo, esta idea se desvaneció con rapidez cuando me acerqué a la azul, y me ofrecieron ir a pintar afiches sobre las actividades extra-curriculares organizadas e integrarme a la agrupación después de sólo haber intercambiado un entusiasmado saludo.
    "Vine a hablar sobre política y terminé tomando mate en la mesita". Pronto, me ilustraron en algunos de sus mandamientos fundamentales, como que no hay mesita sin mate, al igual que a carencia de chismes. Meses más tarde, finalmente comprendí cómo lograban esos chicos conllevar el arduo estudio con la política. Resultó simple la ecuación: la cantidad de macanas soltadas por día era directamente proporcional a sus horas de estudio. De este modo, la llamada política no era sino una excusa absolutoria para su abstemia académica.
    "Vive en Rosario, pero atiende en la mesita". Y así sucedía que si de pronto se vaporizaba espontáneamente algún compañero de clase, las sospechas no tardaban en urdirse... es que en lugar de estar sentado en clase, debía de estar al pie, cebando mate en alguna mesita. Entonces, comenzábamos a mirarlos con otros ojos, puesto que mientras nos recomendaba cuál profesor era más pasable (entiéndase poco responsable) nos facilitaba de una nueva entrega sobre el balance del año, donde algunos se atribuyen propuestas ajenas y otros no hacen más que restregarnos en la cara la compra voluntaria de tres ventiladores de techo, sobre todo en época electoral. 
    -¿Llegamos al circo?. -¡No, esa es mi facultad! Se avecinan las elecciones, lo que significará cánticos inoportunos a toda hora, propaganda hasta sobre el pizarrón, y época también que fue protagonista de puños veloces. Aun más, esto ya se hace vislumbrar en las paredes de todas las aulas, pasamanos de las escaleras y a lo largo de los corredores internos. Claro, la fachada no fue una excepción y quedó decorada como carpa de circo. Afiches de todos los colores irradian la puerta, incluso las palmeras muestran su tendencia política, portando pasacalles.
    En este sentido, si bien dentro de las agrupaciones existen interesados en presentar propuestas para mejorar la facultad, en realidad, en su mayoría se unen a causa de su afinidad política y desembocar mediante su influencia en un tiempo futuro en algún cargo trascendente; de hecho sólo dos de las siete agrupaciones que existen dentro de la Facultad de Derecho (donde curso) de la Universidad Nacional de Rosario, por citar un ejemplo no pertenecen a ningún partido político. Cuando no, quizás también intenten un poco de reconocimiento asociado a lo dicho. Por otro lado, también es cierto que migrantes universitarios, cuyos vínculos son apenas unos pocos conocidos, suelen acercarse en busca de un grupo de amigos o de compañeros, oído está que no nos sorprenderá encontrar infinidad de tonadas provincianas cuando vayamos a preguntarles cuántos mates nos recomiendan para una buena diuresis.


"Mientras la vida se va,
¡ay! Mientras la vida pasa...
sin darte cuenta ahí estás,
con tu cara de colgado.
Tu ángel guardián, es de todos 
el más tonto que hay".

La dicha no es una cosa alegre, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

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