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viernes, 29 de junio de 2012

Mientras marchamos soñando...

“Hay hombres que luchan un día
y son buenos.
Hay otros que luchan un año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
ésos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht


Jacek Yerka
                                                                                                           Jacek Yerka


Sueño con serpientes,
con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes,
y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.



No quepo en su boca,
me trata de tragar,
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca;
le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien
.



Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión.


Ésta al fin me engulle,
y mientras por su esófago paseo,
voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye
cuando llego a su estómago y planteo
con un verso una verdad
.
Oh... la mato y aparece una mayor.
Oh... con mucho más infierno en digestión”.


Silvio Rodríguez



... Y tu generosidad me infunde al recibir, 
tanto como cuando me concedés el ser dadora...
y me colmás de tu tierna musicalidad,
rescatando preciosos instantes de la ruina del tiempo,
bañándome de ellos con la calidez que portan tus manos,
pues aún cuando soy la invitada, me elevás un hogar.

jueves, 14 de junio de 2012

Hoy es un día perfecto para desintegrarse

     Si bien a este texto lo escribí a fines del año pasado, con el paso del tiempo me di cuenta que no tenía realmente intenciones de publicarlo, en cambio prefería reservármelo para mí como huella de este cambio, de esta determinación tan importante que he tomado, la cual no sólo se funda en la decisión de haberme cambiado de carrera, sino que concierne una nueva perspectiva ante la vida siempre demarcada por la consecución de los valores de humanidad que quiero incorporar y cultivar en lo que dure mi camino en ésta. Pero este año creí que iba a ser fundamental transmitir esta transición a la escritura en sus primeros pasos, sobre todo porque el cambio también atañe al blog, en su dirección, y una canción incluida en este disco tiñó de su influencia a un nuevo título, de manera que me he decidido a publicarlo aquí y compartirlo con quienes gusten leerlo. Por lo demás, pienso que es pertinente anticipar que todo el texto fue producto de mi ensimismada como modesta interpretación de los temas que integran dicho álbum.



Hoy es un día perfecto para desintegrarse 

     No puedo estar apartada de la música, menos aún ante un cambio tan importante como el que estoy atravesando, necesito estar acompañada de las adorables vibraciones que traducen en notas los sonidos del alma. Desde luego, voy eligiendo mi banda sonora de acuerdo a mi estado de ánimo para que potencie mis sensaciones, pues sintiendo con intensidad me percibo vital, y en esta ocasión pude redescubrir por medio de las traducciones de sus letras a una banda tan magistral y excepcionalmente poética como lo es The Cure, adecuando las canciones que forman parte del disco Disintegration a mi experiencia subjetiva.

     El álbum comienza con una canción cuyo título podrá resultar paradójico, ya que no es para nada simple.. inicia su recorrido circular emanando susurros del viento que sabemos precede a la lluvia, y un centelleo semejante al reflejo de la Luna sobre un paisaje bañado de oscuridad crecen gradualmente, sólo entrecortados por campanas que enaltecen en un ensueño, mientras nos conducen a la voz apenas perceptible y envuelta en una especie de bruma de Robert Smith... pero un momento... Robert nos confiesa en Plainsong “Y el viento está soplando como si fuera el fin del mundo'. Vos dijiste: ' Y está tan frío, es como el frío si estuvieras muerto”. Esta imagen, que parece ser ensombrecedora, particularmente no lo es, porque él no está muerto o al menos no completamente pues luego su interlocutor le sonríe para qué él mismo replique más tarde: “Creo que estoy viejo y estoy sintiendo dolor. Vos dijiste: ' Y todo está acabándose, como si fuera el fin del mundo ' “. Cuando uno se siente viejo, desgastado y más aun afligido se hace inminente un cambio, una lluvia que con sus gotas nos lave y desnuble la vista a fin de dar cuenta de aquello que tanto presentíamos: una destrucción del mundo del cual nos sujetamos sólo dependerá de la desaprensión del mundo como lo conocemos, sólo así podremos recuperar la marcha. El frío nos recordará que aun sentimos, siendo lo bastante fuertes como para encontrarnos en el abismo, y aun así desgarrar a la neblina, buscando ese lugar concéntrico donde en la noche se guardan los rastros de luz. Si la Luna es satélite de la Tierra, y tan bien lo suple al Sol cuando éste se esconde del otro lado de nuestro planeta. Al igual de esperanzadora que la lluvia o la sonrisa de quien entabla diálogo con él en forma de canción.

     A su fin, de inmediato comienza a cautivarnos la melodía tan encantadora como melancólica de Pictures of you, la cual nos narrará el remordimiento, la desazón e incluso el auto-reproche que a veces suscita y deviene al hecho de tener que dejar algo atrás, desprendiéndonos definitivamente de ello. Finalmente culmina en forma de lamento, que encierra y resume su desarrollo. “No hay nada en el mundo que yo haya querido tanto que sentirte en lo profundo de mi corazón. No hay nada en el mundo que yo haya querido tanto que nunca sentir la ruptura de todas mis fotos de ti”. ¡No se imagina Smith, al subir y bajar su voz la forma en que nos conmueve el alma y al quebrarla, nos la desintegra en mil pedacitos!

     Tenemos que superarlo, debemos hacerlo, de otra manera aquello nos consumirá, nos apagará y jamás querríamos decepcionar al Sol, que nos irradia de vida en su luminosidad. Entonces se nos presenta Closedown cuyo significado podría traducirse en un cierre perpetuo, ese punto final que tanto se ansía, porque “se me acaba el tiempo, estoy desfasado, y me estoy apagando”. Resulta extraño tanto como magnífico cómo las canciones de The Cure por más oscuras o perturbadoras que puedan ser, siempre conllevan algún tinte brillante, del cual puede soltarse en el momento menos esperado una armonía embriagadora. “Siempre tengo la necesidad de creer de verdad en algo más que en burlas. Si al menos pudiera llenar mi corazón de amor”. Es lo que anhelamos, la vibración que sólo puede surgir de nuestro interior, la más hermosa por elevada que nos llevará a la verdadera evolución porque une y no destruye, el amor.

     Entonces la transición nos llevará a Lovesong, un tema que además de ser uno de sus más difundidos tiene como cualidad el hecho de que a pesar de la apariencia en el título, en realidad no entraña en su pegadizo como angelical 'riff' una canción de amor (más allá de que en lo singular Robert Smith se lo haya dedicado a su esposa), sino que representa en parte una falsa esperanza en su hundimiento. Subrayemos la palabra solo, para apreciar mejor el contexto. “Cada vez que estoy solo con vos, vos me hacés sentir como si fuera libre otra vez. Cada vez que estoy solo con vos, vos me hacés sentir que estoy limpio de nuevo”. Aquí nos encontramos solos con esa situación, porque aún permanece el recuerdo en la cabeza, a pesar de que ya todo se haya quebrado. En cuanto al concepto del disco, siguiendo la línea anterior, el mensaje sería algo así como dado que uno aunque lo intenta, sus resultados son fallidos, y no puede olvidar, entonces deviene el autoconvencimiento, se promete en este caso que se seguirá amando a esa persona que ya no le corresponde, y de este modo se lo promete a ella también, dejándole la carga de la culpa porque es quien ha dejado de actuar recíprocamente y por otro lado porque es claro que aun no pudo superar siquiera enfrentarse a ese dolor, quizás por temor que de veras lo está desintegrando, aun más; verse obligado a cumplir esta clase de promesas, puesto que como escribió Nietzsche “se pueden prometer acciones, pero no sentimientos pues éstos son involuntarios. El que promete a alguien amarle siempre u odiarle siempre o ser siempre fiel, promete algo que no está en su poder. Lo que puede prometer son acciones que, en verdad, son ordinariamente las consecuencias del amor, del odio, de la felicidad, pero que puedan también provenir de otros motivos, pues a una misma acción conducen caminos y motivos diferentes. Por consiguiente, la promesa de amar siempre a una persona significará: mientras yo te ame, te prodigaré las acciones del amor; si dejo de amarte, continuarás recibiendo de mí las mismas acciones, aunque por otros motivos, de suerte que en la cabeza de los demás hombres persista la apariencia de que el amor es inmutable y siempre el mismo. Se promete, también la persistencia del amor cuando, sin cegarse a sí mismo se promete a alguien un amor eterno”. Pienso que cuando alguien empieza a actuar llevado por la costumbre, comodidad o conformismo, su estado es lo más similar a la pasividad, nada lo moviliza, el deseo se ausenta desconocido, se muere prolongadamente. Con esta afirmación no estoy avalando el divorcio, sólo he adoptado una visión de hacer las cosas apasionadamente, porque de haber convenido en una decisión así es claro que es debido a que se ha alcanzado cierto grado de crecimiento personal y de comprensión producto del tiempo de conocimiento entre dos seres que los ha motivado a crear lazos muy fuertes entre ellos.

     Citando a Heráclito, “en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Si bien nuestra individualidad permanece intacta, conservamos nuestro nombre y apellido, y podemos vernos al espejo como una persona de carne y hueso, conforme verificamos nuevas experiencias, nos abrimos a diferentes conocimientos, podemos tener mayor alcance de otras realidades y nuestro interior se va nutriendo de aquellos elementos, que si somos sinceros también los volcaremos hacia el exterior, creando nuestro propio cambio. Ahora bien, depende de la velocidad con la cual lo realicemos y cuántas expectativas apostemos a ese cambio, realmente puede asustarnos. Porque una nueva verdad puede desestabilizar y sacudirnos el mundo que hemos estructurado, o que en su defecto (casi siempre); amoldado a nosotros, sobre los cimientos de un sistema de creencias que todo el tiempo están en juego enraizadas entre las más atrevidas variantes. Cuando esa llamada idealización se desmorona, cuando la ceguera se desnuble a causa de la lluvia, y el mundo no sea más que el reflejo de nuestra mente, ¿seremos capaces de arriesgar nuestra felicidad al costo de ser honestos con nosotros mismos? El órgano de Last Dance me da punzadas... “Pero Navidad llegó tarde esta vez, más triste y más fría, sin su antiguo esplendor y alegría. E incluso si nos emborracháramos, no creo que lograra besarte como antes lo hacía, pues donde antes veía una niña, ahora encuentro a una mujer”.

     Sin embargo, sobre todo al tema que más me abracé, ya que me identifiqué realmente con él fue a Lullaby, encandilada por su melodía angelical a partir de la cual da comienzo. Siempre me suscitó fascinación e intriga la realidad paralela de los sueños, cómo caemos irremediablemente sumidos ante él, o ese “hombre araña” que atrapa a nuestro costado consciente y libera al inconsciente, dejando con ello al descubierto todos nuestros deseos, sentimientos y pensamientos más profundos. Mientras cuando estamos despiertos tenemos cierto poder de decisión respecto a mostrar alguna cualidad o atenuar otra, en este aspecto las limitaciones son inexistentes, carecemos del discernimiento sobre cómo actúa, es puro inconsciente fluyendo y refluyendo, y nunca sabemos qué es lo que nos puede deparar allí donde nuestra mente no tiene nada qué hacer más que dejarse fluir. La melodía suave, los acordes que se van apagando con el bajo in crescendo y nos introducen en el órgano que prolonga esta combinación surrealista, introduciéndonos a una voz que culmina en susurro, la cual nos lleva a esa lírica tan macabra como sentida, tan mágica como incierta, como escrita para quienes no sólo dormidos soñamos, sino también despiertos. Esta canción me estremece de tal modo que me conmueve. “Y sé que esta mañana despertaré en el frío tembloroso. Y el hombre araña siempre está hambriento”... y aunque nos topemos con temores que acechen nuestros sueños, no por ello dejaremos de soñar, porque pronto vamos a despertar y comprobar que sólo fue una pesadilla, y nunca, jamás permitiremos que nadie robe nuestros sueños.

     Como en una danza de guitarras sónicas, se va enalteciendo Fascination Street, mientras cede el paso a unos tímidos acordes de bajo que endulzan este solapamiento. El hundimiento se intuye, colapsa toda la introducción para dejarnos sin habla ante esta sinfonía guitarrística, eclipsados por cada una de sus secuencias que nos transportan a un estado que resulta lo más semejante a lo onírico. Y vamos a movernos al ritmo como si supiéramos que se va a acabar, tambaleando entre sueño y pesadilla, entre los difusos límites que distinguen la realidad de la ficción. Basta acondicionarnos por la penumbra, para quedarnos librados ante ella, en nuestras más racionales e incrédulas mentes harán torsión.

     Si hablamos de una canción sobre la cual Robert desparramó los trozos de su alma desintegrada fue en aquella que le da nombre al disco. Disintegration es minuciosidad, crudeza por completo que retrata el desmoronamiento, el estar tocando fondo. Ahora, si hubo una canción que realmente sentí que me ha traspasado la piel, tengo que hacer una ruptura en la sucesión ordenada del disco y remitirme a la última del disco, porque esa canción es devastadora en cada una de sus palabras, tan precisamente elegidas, como si hubiera estado observando mis momentos de angustia o más aún, como si también Smith los hubiese protagonizado. Esta canción refleja el miedo, la falta de certezas, el auto-reproche sumado a la necesidad de tener que dar explicaciones, las desesperanzas porque vamos a desintegrarnos y luego ¿qué ocurrirá?... “Y ya ahora el tiempo se ha ido. Otro tiempo desperdiciado, desesperadamente combatiendo al diablo, futilmente. Sintiendo al monstruo trepar dentro de mí, sintiéndolo roerse todo mi corazón. Nunca perderé este dolor, nunca soñaré contigo otra vez”. ¿Es que acaso podrá olvidarse el dolor, o tendremos que contentarnos con echarle un cobertizo pues quedará latente para resurgir cuanto menos lo temamos?

     “Las horas se han ido, malgastando el tiempo, todas ellas esperando la lluvia”. Antes de que diera comienzo Prayers for the rain en el interior de mi cuerpo ya había alumbrado el cambio, fluyendo navegaba a través de mi sangre, inundando esos obsoletos cercos autoimpuestos, desanegando trechos de caminos ni siquiera alguna vez imaginados. Eran mis propias estructuras, mis mismísimos cimientos los cuales me estaban resquebrajando. Me he convertido en una oradora y la lluvia se ha transformado en mi objeto de oración, siempre la anhelo, pues la lluvia tan ambigua, que entraña al igual que estruendo y calma, entre la luz y la oscuridad, la humedad y la purificación, representa la combinación perfecta para comenzar la mutación, el pasaje necesario que luego da lugar al sol, la energía de los rayos atravesándome y las gotas golpeteándome en lo más íntimo de mis reproches, destruyendo uno a uno mis engaños... tendiendo a escuchar, comenzando a vivir la explosión de sentidos que brota de mí, sólo faltaba encontrarme, reconectar mi energía, embriagándome de lluvia. Hoy ya no temo a la claustrofobia de hallarme escudriñando mi alma. Ahoguemos estas falsas expectativas, no debe haber salvavidas que logren contener todo su peso, llevémonos a flote sólo los verdaderos sueños. The same deep water as you. Y odiemos intensamente esta casa y su apaciguamiento, el arrepentimiento no nos conducirá a un verdadero aprendizaje sino a la frustración del error que persiste. Una casa no es siempre un hogar, y si le somos agradecidos al dolor, ya no dolerá esta ausencia, Robert.

domingo, 13 de mayo de 2012

Sobreviven


    Acabo de llegar a casa, una reminiscencia me invade la mente y retrasa mi rumbo a la facultad. Los pasos me conducen hacia mi habitación, el bolso de trabajo culmina su día sobre el piso junto a la cama, donde yo me siento. Cierro los ojos, no puedo, no quiero dejar de recordar…

     Cercada por la multitud y 9 de Julio y Corrientes, extranjera del alboroto invariable, una débil presencia intenta surcar la ausencia edificada como fortaleza gris. Algún suspiro grave ha conseguido retener el aire de la fugacidad. Algo había secuestrado mis pasos que no pudieron hacer más que desandarse. ¿Quién será el ser cuyos labios se aúnan con su alma y junto a sus manos elaboran en la musicalidad su escape de la ciudad? Recorta una pieza de su alma y la arroja en varias melodías a la suave brisa del día medio soleado y atiborrado de urbanidad. Alzo la vista pues quiero capturar este milagro con la completitud de mis sentidos. Pero desde la vereda no se deja ver. Tampoco logro reconocer la melodía. Quisiera saludarlo. ¿Quién será el ser que ensaya una distracción de la invisibilidad?

    Se deja escuchar. Entonces sueña una conexión y se anexa desde un rincón. Por algún motivo ha decidido evocarla en ese momento y la siento como un obsequio, la incorporo como un obsequio que no puede rechazarse. Los objetos que provienen del alma se ligan al alma y no pueden revertir jamás esa unión creada, pues es su naturaleza y destino, son éstos quienes nos eligen, no nosotros a ellos. La música de un saxo me eligió ese mediodía, mi camino sucumbió ante ella, me traspasó la piel y quedó prendida en mi interior, en mi profundidad más invisible ella hallaba resguardo. En la calle rebosante de estruendo se había instaurado el enlace. Un ser recién engendrado adquiría su voz y emitía su mensaje, mientras otro se abría para escucharlo, lo arropaba en sus brazos, y ambos se contagiaban de luz. Lo que ambos habían concebido durante tanto tiempo se instalaba en uno y otro, como una flor que tras un tiempo de haber permanecido fecunda en su capullo un día resuelve desenvolverse al mundo, como un pájaro, que ya carga con vuelos y cielos ensancha nuevamente sus alas a un nuevo cielo para expresar un nuevo vuelo, quisiera remontarme hacia donde esté y agradecerle.



    En medio de los vínculos que no terminan de enlazarse, de las cadenas que nos sujetan a la inercia las melodías de un saxo enarbolan su existencia y adquieren su sentido en los oídos de un otro invisible a sus ojos, pero a quien no deja de pertenecer… sobreviven. Un perro coincide en mi estadía, acaricio su negrura, el perro fija su mirada atento a la mía, nos sostenemos en la mirada y no nos importa si hay alguien más que nosotros, porque entre nosotros no se encuentra nadie más, nuestro lugar está demarcado aquí y ahora y nos reconocemos. Me despido de él, tengo que seguir camino o se me hará tarde para ir a una de mis tan ansiadas clases. El perro me sigue y luego se detiene unos momentos a un costado de la calle. Ha descubierto un charco de agua del cual beber, vestigio de la tormenta de la noche anterior. Estoy segura de que a las notas del saxo también las conservaré para el resto del camino y en la inmortalidad de este texto. Sobreviven.

sábado, 21 de abril de 2012

How I met Pink Floyd

Aún recuerdo la primera ocasión que oí hablar de Pink Floyd. Se trataba de un día en el calendario del 2006, quinto y último año de mi curso en la escuela secundaria. Particularmente, se trataba de la clase de música, nos sentábamos formando una ronda debido a la escasa presencia de alumnos, ya que cuando hubo que elegir una disciplina extracurricular, la mayoría había preferido apuntarse en arte. El profesor nos había encargado un trabajo grupal de investigación sobre la historia del rock cuya evaluación iba a devenir en la nota del boletín de calificaciones, tras comprobar que efectivamente no iba a ser fructífero su intento de enseñarnos a tocar a cada uno por primera vez y simultáneamente instrumentos cuyos sonidos bifurcaran en una melodía armónica. Poco atractiva me había parecido la propuesta sustituta y ninguna estima me causaba, desde que la investigación no se delimitaba a ningún aspecto concreto sobre el rock, ni siquiera al contexto de su surgimiento o de su evolución; por el contrario simplemente estaba condenado a ser una cronología histórica y básica acerca de sus fundadores más influyentes y cómo prosiguieron la tarea los músicos que en tiempo (sólo en tiempo) les sucedieron. Por otro lado, en ese momento yo era una persona bastante retraída, y no me hacía ninguna gracia reunirme con compañeros de curso a hablar sobre cuestiones tan personales como son los gustos musicales. A esto se le sumaba que, en un principio ya bastante molestia me había causado el comentario del profesor cuando recién comenzaba a manar mis primeros acordes de la guitarra que recientemente había adquirido para las clases que tomaba fuera de la escuela. Con sus mejillas rosadas salpicadas de pinceladas color tomate, producto de la rabia suscitada luego de concientizarse de que era en vano creer que en el corto plazo íbamos a lograr una imitación coordinada de Sounds of silence unificó e individualizó su descargo contra mí: “No entendés nada”.
    Fue a causa de ello que sólo por obligación y apenas en vistas a aprobar la materia, ese mismo día en la escuela dos compañeras, que se sentaban a mi lado en la ronda, y yo acordamos que formaríamos un grupo para distribuirnos la investigación, que como ya había mencionado anteriormente no tenía ningún eje orientador. Dadas las condiciones en las cuales había surgido el proyecto, en ningún momento podría haber intuido que quizás obtendría alguna experiencia que conservaría o incluso disfrutaría en un futuro.
    El método de investigación era el sospechado: cada una por su cuenta buscaría a través de Internet información acerca del surgimiento del rock y luego indagaríamos sobre los músicos más relevantes que lo habían encarnado. Fue así que nos enteramos de que existieron unos seres apodados Chuck Berry, Little Richard, Bill Halley, y además, de que el mismísimo Elvis Presley había sido uno de los primeros representantes del movimiento que recién comenzaba a explotar en los tan creativos como influyentes años ’60. Los datos eran tan vastos y las ganas de reunirnos, tan difusas que decidimos que cada una se encargaría de conseguir información por su cuenta sobre algún representante del rock, y cuando ya hubiéramos reunido un cúmulo importante de información, nos reuniríamos a recopilarla en un texto. Así, cada una pudo estudiar biográfica y auditivamente a Jimi Hendrix, Jim Morrison o Janis Joplin. El pseudo-castigo o fracaso colectivo (tanto del profesor como de su alumnado) tomaba otra trayectoria, empezaba a mutar para mí en una muestra de gratitud hacia él.
    A los Beatles, ya los conocíamos de oídos, pero fue cuando nos adentramos un poco más en las vertientes setenteras del rock que hallamos a unos ingleses quienes se robaron toda mi atención, puesto que llevaban un nombre tan cautivadoramente particular como enigmático… se hacían llamar Pink Floyd. Me dije mentalmente mientras exploraba digitalmente biografías acerca de ellos y su estilo musical que tenía que conocerlos… sí que lo haría, primero terminaría de conocer bien a sus integrantes, luego el por qué de su nombre, y a continuación, nótese el criterio musical que cargaba en esos años, observaría todas las portadas de sus discos y aquél que me produjera un impacto mayor, ése compacto sería el que escucharía en primer lugar. Si bien me habían impresionado los dos rostros metálicos que se desprendían del paisaje uniforme en The Division Bell, el elegido fue indudablemente The Dark Side of the Moon. La presencia del prisma en penumbras y una luz que al atravesarlo se reflectaba dividiéndose en luces de colores, aunada al significado que podía llegar a desprenderse del título me, intrigaba, me inducía a querer desentrañar ese misterioso simbolismo proyectado hasta en el arte del disco. No obstante, intentando hacer menguar mis expectativas, las cuales ya me habían conducido a leer el título de cada canción que constituía el disco, a tantísimas interpretaciones que de algún modo vinculasen la imagen de tapa con sus títulos, iniciales y tan sólo apriorísticas, que me dije que escucharía el disco tranquila, dejaría que del todo surgiera un concepto integrador, y me dejaría sorprender tal como cuando de manera casual había llegado a saber de ellos. Por eso, dediqué mis esfuerzos a terminar mi parte de la investigación.
    Durante la tarde de cada viernes, en el aula de computación de la escuela se llevaban a cabo prácticas de mecanografía, exigidas para aprobar esa materia, aunque asimismo se trataba de un lugar adecuado para todo aquél que quisiera terminar tareas incompletas ya fuera de esa materia u otras. De manera que allí nos dimos cita dos o tres viernes consecutivos, que desembocaron en el trabajo final terminado. Tengo que reconocer que sólo recuerdo que nuestra investigación resultó aprobada, aunque en realidad tampoco es importante con qué nota. Ahora sí tenía tiempo de inundar mi habitación de la música de mi pendiente Dark Side of the Moon, de los Floyd.
    Era uno de esos días en los cuales la única imagen que se le representa a uno en la cabeza es la de verse recostado en la cama. El invierno colmaba la tarde, dándola por terminada, la noche se instauraba desde la ventana del colectivo 136 ó 137 mediante el cual volvía a casa. A pesar de que solía disfrutar las caminatas de regreso, había sido una de las últimas clases antes de los exámenes finales, lo que equivalía a decir un período de cansancio acumulado. Mi visión ahora introspectiva que podía recuperar ahora, me decía que mi único plan para esa noche era irme directo a la cama, postergando cualquier bocado… y hasta a Floyd.
    Recuerdo que entré a mi habitación y en penumbras, el camino de la mochila culminó sobre la silla del escritorio sin desempacar. No sé por qué encendí el velador, tal vez por costumbre, o para paliar la carencia de luz externa. Observé paulatinamente la luz hacerse más intensa hasta que se encendió por completo. Su brillo se focalizó sobre el Dark Side of the Moon, que yacía junto al velador sobre un par de libros, y resplandeció. El contraste estaba funcionando. En ese momento tuve mi segundo contacto con Pink Floyd. Tomé el disco como si tratara de una obra de arte, la pieza que desvaneció el sonambulismo en el cual permanecía inmersa. Y como encantada por otro hechizo, caminé hasta la cómoda sobre la cual descansaba por esa época mi reproductor de música, lo introduje y desde esa noche no pude dejar de escucharlos hasta hoy.        
    Lo que tampoco olvidaré es la última clase de música. El profesor desordenaba una pila de discos mientras llegábamos y completábamos los pupitres situados en ronda a su alrededor. Sobre su pupitre pude apreciar una cajita plástica con el rótulo “Led Zeppelin”. En el arte de tapa se veía un extraño símbolo trazado en una cosecha rural, del estilo de los que se atribuyen a la obra de seres extradimensionales o extraterrestres, sombreado por un dirigible. En ese momento, mi tiempo psicológico había quedado congelado en el nombre y la imagen de esa banda, que también quería conocer en profundidad, cuando no me percaté de que había comenzado a sonar la que luego conocería como Stairway to heaven, canción que fue el disparador de una amena conversación sobre las bandas musicales que habíamos descubierto.  



    Quizás, sin que haya figurado en su intención fue uno de los docentes que -hasta el momento- más ha contribuido a mi formación no sólo musical, sino también personal. Por primera vez la barrera de concreto aislamiento que había erigido y me protegía de mis temores, desilusiones y desengaños amorosos cabía en las palabras de otras personas, tomaba la forma de muro, por primera vez me sentía comprendida y acompañada. Por primera vez podía hallar mi lugar. Pero no por última, porque en los estadios de tristeza, de locura, de su genial cordura condensada en cada canción se unían indisolublemente a mí, atravesándome sus reflexiones jamás cesarían, las concepciones filosóficas en torno a las cuales giraban sus discos no me abandonarían porque ya se habían adherido a mí y habían inculcado una cosmovisión que me había atravesado al punto tal que podía valorar mi vida un poco más… sin embargo, a la vez que me elevaba, me deprimía a causa de mi soledad y no podía escaparme ni un segundo de ese lado oscuro tan apacible que tenía la luna donde éramos nada más que ella y yo misma. El placer de la autosatisfacción se desvanecía cuando notaba que estaba sumida en un eco profundo que no era más que mi propia voz desolada. Y tuve que firmar una tregua con Pink Floyd, su música me remitía una y otra vez a un pozo cuyo único fondo ahora sólo podía ser el de salida. Tenía que cerrar la etapa escolar y concentrarme en la carrera que daba inicio.
    Haber retomado hace meses el encuentro con Pink Floyd y mi intención de plasmarlo a través de este texto implica cerrar otro círculo, el de una profunda etapa de desamor hacia mi vida, pero a la vez es reafirmar que conocerlos significó un antes y un después indestructible en mí, convertir el presentimiento de que nada volvería a ser igual que me irradió tras haber escuchado el Dark Side of the Moon en la soledad de mi habitación por primera vez en el sentimiento de que los he arraigado a mi esencia de tal manera que siempre serán mi compañía necesaria, porque supieron volver a llamarme a la soledad de mi habitación cuando comenzaba a precipitarme en la desilusión más grande de mi vida, porque fue cuando el lugar al cual creí pertenecer durante tanto tiempo comenzaba a resquebrajarse que sus palabras volvían a recibirme, para caer punzantes en mi alma confirmando que tenía verme cara a cara con el dolor para conocerlo, palpar sus raíces y prepararme para arrancarlo, aunque mi cuerpo me lo negara… pero que ellos estarían ahí para ayudarme a sobrellevarlo, acompañándome en esta etapa de crecimiento en la cual tenía que aprender, en parte por mis propios medios, en parte a través de esas herramientas que ellos me estaban aportando a dejar morir esa parte de mí que me estaba arrebatando la vida, perecer para renacer transformada, como la naturalidad del otoño… que luego de morir en invierno se reconstruye en primavera… en otras palabras, haberme reencontrado con Floyd con semejante intensidad no me impedirá corroborar que son y serán mi banda favorita.
    No obstante, estoy segura de que nunca derribaré por completo mi muro, porque es allí en mi soledad donde puedo verme realmente al espejo, pero la oscuridad me eclipsará sólo de a momentos, momentos que serán intercalados con otros, los cuales forman parte de mi luz, de mi núcleo de placeres que me permiten hacer de mi paso por esta vida una experiencia tan vital y que me permitirán fragmentar mi espejo cada vez que encuentre que mi esencia se aleja de quien conozco como a mí misma.   

Por eso, gracias eternas,
Pink Floyd.

sábado, 31 de marzo de 2012

The Dark Side Of The Moon


Speak To Me
Has conseguido exhalar el grito...

Breathe
Es hora de hacer temblar tus estructuras...

On The Run
Viviendo con intensidad...

Time
Viviendo tu individuación, elevándote...

The Great Gig In The Sky
No temas morir siempre que sientas necesario hacerlo...

Money
Y para renacer, tomate un receso...

Us And Them
¿Podés sentir al universo danzar a nuestro alrededor?

Any Colour You Like
 Sólo tenés que descubrir tu forma...

Brain Damage
Excluida del tiempo, fuera del espacio y más allá de la realidad...

Eclipse
Donde sincronicemos alma y cuerpo, donde sea el alma la que determine su pulso,
donde estallemos eclipsados por la cordura.

martes, 14 de febrero de 2012

Stop whispering... start shouting!


And the wise men say
“I don’t want to hear your voice”
And the thin men say
“I don’t want to hear your voice”

And they’re cursing me
And they won’t let me be
And there’s nothing to say
And there’s nothing to do
 
Stop whispering, start shouting
Stop whispering, start shouting

And my mother say
“We spit on you, son, some more”
And the buildings say
“We spit on your face some more”

And the feeling is that
there’s something wrong
Cause I can’t find the words
and I can’t find the songs

Stop whispering, start shouting
Stop whispering, start shouting

Dear Sir, I have a complaint
Dear Sir, I have a complaint
Can’t remember what it is
Doesn’t matter anyway
Doesn’t matter anyway

Stop whispering
Stop whispering
Stop whispering
Start shouting!


(Radiohead, Pablo Honey, 1993)

miércoles, 8 de febrero de 2012

Rainy day, dream away



Hey man, take a look out the window 'n see what's hapennin'
Hey man, it's rainin'
It's rainin' outside, man

  

Don't worry 'bout that
Everything's gonna be everything
We'll get into something real nice, you know
Sit back and groove on a rainy day




I see what you mean, brother
Lay back and groove




Rainy day, dream away
Let the sun take a holiday
Flowers bathe', an' see the children play
Lay back and groove on a rainy day




I can see a bunch of wet preachers,
look at them on the run
The carnival traffic noise
is sinks into splashing
Even the ducks can groove rain bathin'
in the park side pool (¿en el laguito del parque Independencia tal vez?)
And I'm leaving out of my window (desde la terraza, en mi caso)
sill diggin' ev'rything and you too




Rainy day, rain all day
Ain't no use no use in gettin' uptight
Just let it groove its own way
Let it drain your worries away






Lay back and groove on a rainy day
Lay back and dream on a rainy day


Texto: Rainy day, dream away, Jimi Hendrix 
Fotografía y edición: Lluvia desde la terraza, por mí 

lunes, 16 de enero de 2012

Heima

Sigur Rós
Sé lest



La profundidad de la felicidad
              que trasciende los límites de espacio y tiempo
La intensidad de la felicidad
              que naciendo del interior, refluye al exterior
bañando todo lo que toca de amor


Lo efímero de la felicidad
                         que sabe discernir para mí este pequeño momento
La magnanimidad de la felicidad
                         que no le bastan las palabras para ser explicada

jueves, 29 de diciembre de 2011

Nightswimming

   El corazón se sacude una noche al escuchar de nuevo una canción que habíamos solapado entre otros discos, la misma canción sigue provocando un pinchazo helado mientras nos abstraemos porque retrotrae a recuerdos. La canción entonces es capaz de evocar nostalgia por sí misma, como de hacernos evadir de aquello cuanto se de a entender por mundo por un rato mientras nos sumergimos entonces en nuestra realidad que se expresa a través de un piano... porque la calidez de abril tendría que haberse prolongado una eternidad y diciembre, no haber sido tan doloroso como para quemar las pieles cuando recién comenzaban a arder... porque esta noche será distinto. Debe ser una de esas noches en las cuales la luna nos espía. Cuando la urbanidad se apaga, otra realidad se enciende. Las velas desparramadas por toda la habitación devienen soporíferas para la ciudad. Que no hablen, que no se contamine, pero por las dudas vos tampoco respires. La única bocanada será lo que dure esa canción, la que baste para sobrevivir los bellos recuerdos.



Nightswimming

Nightswimming deserves a quiet night.
The photograph in the dashboard, taken years ago.
Turned around backwards so the windshield shows.
Every streetlight reveals the picture in reverse.
Still it’s so much clearer.
I forgot my shirt at the waters edge.
The moon is low tonight.

Nightswimming deserves a quiet night.
Im not sure all this people understand,
it’s not like years ago.
The fear of getting caught,
of recklesness and water.
They can not see me naked.
These things, they go away,
replaced by everyday.


Nightswimming, remembering that night.
September’s coming soon.
I’m pining for the moon.
Side by side in orbit,
around the fairest sun.
That bright, tight forever drum
could not describe nightswimming.


You, I thought I knew you.
You, I can not judge.
You, I thought you knew me.
this one laughing quietly underneath my breath.

Nightswimming.
The photograph reflects,
every streetlight a reminder.
Nightswimming deserves a quiet night... deserves a quiet night”.

 Automatic for the people
R.E.M 

viernes, 16 de diciembre de 2011

"Como la comida o más"

   Algún grado de herencia nórdica debe haberse entremezclado con las raíces italianas de mis antepasados, pues ya son demasiadas las coincidencias: mi preferencia hacia el clima frío y otoñal por sobre el cálido, la fascinación y el misterio que me suscitan esos paisajes mágicos de bosques y montañas que aun no conozco donde a los caminos los traza la tierra, mi encanto por el acento musical francés, Sigur Rós, Yann Tiersen, Amiina, Ólafur Arnalds... y ahora, ¡quizás mi ascendencia involucre hasta los mismos Elfos!, de acuerdo a esta observación que Bilbo le hace a Frodo durante su estadía en Rivendel...
   [...] “Los hobbits nunca llegarán a necesitar de la música y la poesía y las leyendas tanto como los Elfos. Parece que las necesitaran como la comida o más.


La Comunidad del Anillo,
J.R.R. Tolkien

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nick Drake

La sinceridad que expresa Nick Drake en sus composiciones no precisaba más que su voz, y una guitarra o un piano para convertirse en música. Así lo conocí a través de su último disco Pink Moon (1972), creyendo en realidad que era el primero.
Por eso es que el formato acústico le sienta tan bien, ya que realza la sensibilidad de este ser de voz introvertida y suave como un susurro que le escribió al amor, a los sueños, a la soledad, y en quien la naturaleza ocupa un lugar primordial.
Con la añadidura de violines y algunos elementos de jazz en Bryter Layter (1970), así como también gracias a los arreglos íntimos y cercanos que posee Fives Leaves Left (1969) sentí que me cantaba al oído, y desde allí penetraba a las profundidades de mi interior la carga de nostalgia y melancolía del otoño que encontré en sus canciones, las cuales me brindaron un refugio, un lugar para estar, conectándome conmigo misma, y sintiéndome acompañada en mis momentos solitarios.


Time has told me
Time has told me
you're a rare rare find,
a trouble cure
for a troubled mind.

And time has told me
not to ask for more.
Someday our ocean
will find its shore.

So I'll leave the ways that are making me be
what I really don't want to be,
leave the ways that are making me love
what I really don't want to love.

Time has told me
you came with the dawn.
A soul with no footprint,
a rose with no thorn.

Your tears, they tell me
there's really no way
of ending your troubles
with things you can say.

And time will tell you
to stay by my side,
to keep on trying
'til there's no more to hide.



So leave the ways that are making you be
what you really don't want to be,
leave the ways that are making you love
what you really don't want to love.

Time has told me
you're a rare rare find,
a troubled cure
for a troubled mind.


And time has told me
not to ask for more
for some day our ocean
will find its shore.

sábado, 1 de octubre de 2011

What the fuck is this world?!

   Pearl Jam, fuiste pionero en sobreponerte a las estafas que el monopolio Ticketmaster imponía a los precios de las entradas a recitales. Afrontaste un juicio, y con él, llevaste a los estrados el reclamo de numerosísimos melómanos, y te supiste encauzar tan paciente como decididamente en torno a tu postura pese a las peripecias que a menudo tendrá una banda que deberá empezar a organizarse en forma independiente. No te desesperaste, aunque el proceso certeramente iba a ser tedioso, y muchos de sus planteos, se encontrarían rozando el límite del absurdo; quien haya tenido oportunidad de ver escenas de las audiencias sabe en verdad acerca de lo que estoy hablando.
   Si esperaba algo musicalmente desde hacía casi 6 años, luego del recital en Buenos Aires cuando comencé a prestarle oído a su música, era definitivamente su regreso. Durante ese tiempo, me hice aficionada de la Internet y descargué todos sus discos hasta que empecé a trabajar, entonces pude completar mi propia colección con los originales, como también a mostrarme doblemente plasmada pues no podía creer el arte que escondían dentro de ellos. La semana pasado pude ser una entre muchos espectadores que tuvo el  placer, goce, agrado, la satisfacción (... y cantidad de sinónimos) de apreciar a una de sus bandas favoritas en la pantalla gigante del cine. Sin embargo, pareció difuminarse detrás del fragor de las canciones y la imponente sucesión de imágenes inasequible aun para la velocidad de un latido mortal, sólo formando parte como una curiosidad más que componía el documental de Cameron Crowe. Lo mismo que su rebeldía, se perdía ante la magnanimidad de Pearl Jam esta gesta, la cual como remando sobre la cresta de una gran  ola de aquellas que aventuraba surfear Eddie Vedder, una vez encabezaron y hoy los arrasa. Y a mí me arrasó tanto que quedé profundamente decepcionada... aunque existan cosas más importantes que ésta, reconozco que siempre va a haber algo más importante, de acuerdo a quien mire, pero no por esa razón menos valioso, y la música está ligada a mi vida de una manera ineludible.
   What the fuck is this world!? que quedamos reducidos al ultra-capitalismo reinante, el cual nos desarma mediante el modo que pueda abordar (cualquiera) sin distinción y con tal desparpajo que osa en dar el jaque en la representación más genuina, pura y diversa que el ser humano ha soñado alguna vez crear, como es la cultura, y dentro de la misma, el arte.
   Si bien lo lamento, y lo lamentaré y seguramente me arrepentiré, no puedo permitirme asistir a un recital de una banda que avala que el sector popular, destinado a quienes no les importa traspirar ni compartir el espacio con otras personas con tal de estar cerca de los músicos viviendo colectivamente la euforia del recital, sea arrebatado en su esencia fraccionándolo tan groseramente que de hecho existirán tres campos. Que lo justifiquen bajo la excusa que quieran esgrimir: inflación, que están más vejetes y viven de su música, que las ventas de discos han disminuido con respecto a otros tiempos y en consecuencia sólo los recitales resultan rentables, que algún famoso no gustoso en demasía del tumulto sudoroso pueda retocarse el maquillaje o acomodarse su cabellera, o que durante la era del tweet resulte inevitable no poseer un celular con Internet (obvio, gordi) entre manos para tipear en tiempo real la frase más ilegible, cuanto más ilegible, mejor como: Ke bno ke sssta el cantante!!! Q lo tiren a la hinchada @recital de pearl jam (no escribo más grosero porque no me atrevo), pero yo no voy a permitir que me discriminen con mi consentimiento. Así como mayor poder adquisitivo no equivale a un mejor fan, tampoco comparto el "doble discurso".


Would you hit me?
Would you hit me?
Porch, Pearl Jam.